28/05/2009 GMT -6
17/05/2009 GMT -6
Muchas Opciones para un Solo Camino
Ahora estoy frente a la casa a la cual prometí nunca volver…
Sonó el timbre y de inmediato sentí una opresión contra el pecho. Estaba completamente desarreglada, así que sólo me agarré el cabello con una liga y me pinté los labios. Para cuando la sirvienta llegó a mi cuarto, yo ya sabía exactamente como iba actuar.
- Niña la busca el joven Omar en la puerta.
- Pásalo a la sala por favor, en un momento bajo.
Encontré a Omar de pie, observando uno de los cuadros de caballería que están a un lado de la chimenea. Seguramente sintió mi presencia porque sin voltear dijo.
- Siempre me fascino este cuadro. ¡Mira como la luz se origina en el punto central!
Siempre repetía lo mismo y siempre me sentía feliz cuando lo hacía.
- Sí ya lo sé, el punto central de una pintura casi nunca es igual al centro geométrico.
- Creo que siempre te decía lo mismo.- contestó decepcionado.
- No lo tomes así, siempre me gustaron tus pláticas.
Tomé asiento y él se sentó de frente a mí.
- ¿Sabes porqué estoy aquí?- Dijo con seriedad y con un gesto me mostró que la amabilidad había terminado.
- ¿Estas buscando a Ana, verdad?- le respondí con la misma firmeza.
- Hay algo de eso, pero en realidad vine porque ayer hablé con Sonia.
Ese nombre pronunciado por Omar me causó un escalofrío que recorrió mi espalda y cuello.
- ¿Y cómo está?- Traté de disimular mi miedo.
No hizo caso a mi pregunta y con dedición dijo.
- Sé de donde viene tu odio.
- ¡Omar!, no puedes confiar en Sonia.
Se metió las manos a las bolsas del pantalón y con un gesto de resignación respondió.
- No confío en ella, sólo que a nosotros la vida se encargó de ponernos en diferentes bandos.
Me levante y senté a su lado. Parecía nervioso, pero cuando vi sus ojos supe que tenía miedo.
- Entonces por qué viniste.- Dije sin perder sus ojos.
- Tú eres el único camino para llegar a Ana y créeme, la voy a encontrar.
Mientras observaba su mirada endurecida tuve la sensación de que actuaba por rencor. Las preguntas y respuestas evasivas por parte de los dos continuaron y los minutos se fueron acumulando, pero de pronto lo comprendí todo. Su impulso para vencer el miedo y confrontarme y la fuerza en su mirada sólo podían provenir de un sentimiento. Omar se había enamorado de Sonia y llegaría hasta el final, no por Ana o por Julián, sino por ella.
En pocos segundos tuve que decidir el destino de Omar, poco podía hacer por él, pero si lograba llevar a Sonia con Ana todo habría terminado. Así que lo tomé de las manos y hablándole al oído le dije.
- Sonia asesinó a Julián.
- ¿Qué? Se apartó de inmediato de mí.
- ¡No te creo!... ¡No...!- estaba apunto de llorar-. ¡No lo creo, cómo sabes que lo mataron, no te creo...!
- No me creas a mí. Averígualo por ti mismo.
- ¿Cómo? –gritó, para después levantarse y caminar de un lado a otro-. Cómo...
Desde mi ventana lo vi dirigirse tranquilamente hacia la salida. Sabía que sólo lo volvería a ver si encontraba a Ana.
25/04/2009 GMT -6
16/04/2009 GMT -6
"Historia Universal de la Infamia" por Jose Luis Borges 2ra Parte
El proveedor de iniquidades Monk Eastman. Monk Eastman no tiene un verdadero nombre, sus nombres son pandilleros todos y todos son Monk Eastman. Borges muest
ra la obsesión de los estadounidenses, que contagiaron al resto del mundo, por la fama como sea y por lo que sea. La fama como el fin máximo de la vida.
“Unos cien héroes afectados quien más quien menos de enfermedades vergonzosas…” De forma genial Borges hace añicos el mito del héroe y el concepto de heroicidad. A los héroes no hay que tocarlos muy seguido, porque podemos quedarnos con pintura dorada en las manos. La infamia se consuma, porque la vileza se purifica y el ladrón de poca monta, se convierte en una leyenda heroica.
El asesino desinteresado Bill Harrigan. Está parte la he querido poner integra, porque es una buena muestra de párrafos perfectos. En pocas líneas Borges describe el lugar, el ambiente, la época, presenta a los personajes. En cambio otros escritores hacen los mismo pero en cientos de páginas llenas de adornos y ostentación literaria, que sólo conduce a engrosar los libros. Aunque también es justo mencionar que hay pocos escritores como Borges.
“La Historia (que, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas) propone ahora la de una arriesgada taberna, que está en el todopoderoso desierto igual que en alta mar. El tiempo, una destemplada noche del año 1873; el precisó lugar, el Llano Estacado (New México). La tierra es casi sobrenaturalmente lisa, pero el cielo de nubes a desnivel, con desgarrones de tormenta y de luna, está lleno de pozos que se agrietan y de montañas. En la tierra hay el cráneo de una vaca, ladridos y ojos de coyote en la sombra, finos caballos y la luz alargada de la taberna. Adentro, acodados en el único mostrador, hombres cansados y fornidos beben un alcohol pendenciero y hacen ostentación de grandes monedas de plata, con una serpiente y un águila. Un borracho canta impasiblemente. Hay quienes hablan un idioma con muchas eses, que ha de ser español, puesto que quienes lo hablan son despreciados.”
El Oeste causa en los americanos el mismo sentimiento de aventura que causa el mar en los ingleses. Este niño, que se crió entre negros y a su vez practica el orgullo de ser blanco y que se convertiría en Bill the Kid, que es un asesino terrible, es muerto a traición por su amigo Pat Garret, lo cual consuma la infamia de la traición, que se justifica y se convierte en justicia
06/04/2009 GMT -6
La Hora de Despertar
El viernes cuando quise verla ella no tuvo tiempo, porque junto con sus amigas estuvo preparando la fiesta de disfraces que se llevaría acabo al día siguiente. Así que el sábado por la mañana estaba frente al portón de su casa. (Aunque en realidad, no era una casa, sino una mansión construida sobre una colina). Dejé mi auto en la calle y entré caminando, quería sorprenderla, pero a la mitad del camino me arrepentí, porque la colina sobre la cual se encontraba la casa tenía demasiada pendiente. Todavía no sé como logré llegar a la cima, pero en la puerta principal ya me esperaba Paula. Me saludó de forma indiferente y me condujo a su habitación sin decir palabra.
Su cuarto tenía una pequeña estancia con un sillón alargado y una mesa llena de revistas de moda. Me senté en el sillón mientras me decía.
- ¡Espérame un momento!, no tardo, sólo me baño y me pongo algo- se metió al baño y desde allí gritó-. ¿Vas a venir a la fiesta?
- ¡Claro! Si llevo días pensando en mi disfraz.
- ¡Mentiroso!
Cerró la puerta y pasaron varios minutos. Empecé a desesperarme y me puse a dar vueltas por toda la habitación. Sobre la cama tenía un desastre: pantalones, blusas, faldas y un extraño vestido de color rojo. El corpiño y la falda estaban unidos formando una sola pieza ajustada a la cintura. Las mangas eran bastante amplias y el escote bajo. Salí del cuarto, regrese, eche un vistazo por la ventana y comencé a ver las fotos acomodadas sobre el tocador. (Por cierto no había ninguna foto mía. Algo nada agradable). Aunque lo que realmente me sorprendió fue una foto colocada en la parte superior de la luna del espejo. Esa foto en sí misma contenía toda la atención del cuarto. En esta aparecían Ana y Julián abrazados, pero Ana tenía sobre sus ojos una línea negra hecha con marcador. La tomé para verla más de cerca, entonces el vértigo provocado por el abismo que se abrió a mis pies me ocasionó mareo y dolor en el estómago.
Seguía con la foto en la mano cuando salió Paula del baño, con una toalla enrollada en el cuerpo. (Se veía preciosa). Camino algunos pasos hacia mi y dejó caer la toalla, su mirada estaba clavada en mis ojos. Cuando sólo el aliento nos separaba, me abrazó y comenzamos a besarnos. Su cuerpo extremadamente delgado parecía quebrarse entre mis manos. Un árbol, pintado en la pared, por el cual el otoño ya había pasado, nos dio refugio. Su pelo comenzó a confundirse entre las ramas castañas y su larga sonrisa se rompía para dejar paso a la los sueños de otros días, que siempre son más intensos cuando el final está próximo.
El sol empezó a descender y su sonrisa volvió a la normalidad. Una normalidad abstraída y cortante, que me llenó de incertidumbre y tristeza. Nos acostamos abrazados sobre la cama. Me sentía exhausto o desanimado, ya no lo recuerdo. Cerré los ojos y de inmediato el sueño apareció. Dormí alrededor de tres horas hasta que me despertó la voz de Paula.
- Es hora de despertar... Mis amigas ya están llegando. Es hora de despertar.
Abrí los ojos y la vi frente al espejo, se peinaba y ya tenía puesto el vestido rojo. Me observaba de ves en cuando a través del reflejo. Dejó el cepillo sobre el tocador, se levantó y comenzó a hablar con un tono melancólico.
- Creo que es buen momento para que te vayas.
- ¡Sí! Tengo que disfrazarme- intenté contestar con ánimo, pero en mis palabras sólo existía cansancio.
- Oye, ¿sí quieres venir?, ¡sé que no te caen bien mis amigos!
- ¡Claro! A menos que tú no quieras.
Entonces un silencio se apoderó de todo el cuarto, Paula había enmudecido, y para mí, todo se redujo a esa foto donde aparecían Ana y Julián.
- ¡No quiero que vengas!
- Al menos dime por qué- contesté enfadado.
- ¡Porque no te quiero! Algunas lágrimas empezaron a caer de sus ojos, de inmediato las quitó con la mano y su mirada se torno pesada y llena de furia.
- ¡Te odio, te odio! Te odio por presentarme a Julián y luego llevarlo hasta Ana. Los odio a los dos.
- ¿Julián? Pero... sólo lo has visto dos o tres veces.
- Qué importa eso, cuando no puedo dejar de soñar con él.- Esta vez su máscara se había roto y las lágrimas dibujaban en ella un rostro nuevo-. No quiero recordarlo, no quiero soñar con sus ojos, porque también veo los de ella. Los sueño a los dos abrazados y besándose bajo una farola.
No tenía palabras, todas desaparecían al intentar pronunciarlas, mientras tanto Paula recobraba la tranquilidad en las suyas.
- Se que esta siendo duro, pero no podía seguir engañándote. Además tienes tus pinturas, tus sueños...
- ¿Mis sueños? Varios se están volviendo polvo en este momento- contesté interrumpiéndola.
- Ahora estas molesto, pero con el paso del tiempo y cuando tu enojo desaparezca, tal vez podamos ser amigos.
- Espera un momento- contesté con un tono duro y lleno de rencor-. Ya que hablas del futuro, para mí el futuro se ha vuelto simple; no regresar a esta casa y no volver a verte.
Paula se acercó y tomó mi mano y con una voz suave dijo:
- ¡Ojala algún día cambies tu decisión!
- No tengo más que decir, ni porqué estar aquí.- Entonces la bese en la mejilla y me dirigí hacia la salida.
Estaba tranquilo cuando salí. Las nubes se habían apoderado de la tarde igual que de mis pensamientos. Bajé la colina y encontré al jardín lleno de antorchas. Una gran carpa se alzaba en el centro. Y una docena de mesas con comida y bebida se hallaban en las orillas. Alo lejos algunas amigas de Paula me saludaron. Tímidamente les contesté con un ligero movimiento con la mano.
Pasó un mes entero y yo perdí completamente contacto con todos mis conocidos. Estaba encerrado en mi estudio pintando un cuadro al óleo de dos metros de largo por tres de ancho. Cuadro que hasta ahora no he terminado. El estado de irrealidad terminó cuando Julián tocó a mi puerta para pedirme ayuda. ¡Y vaya ayuda que le di! Pero ahora...
27/02/2009 GMT -6
"Historia Universal de la Infamia" por Jose Luis Borges 1ra Parte
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Historia universal de la Infamia
A mi juicio está compilación de cuentos junto con el camino de senderos que se bifurcan son la obra maestra de los cuentos no sólo en la obra de Borges. No voy a escribir un resumen de cada uno de los cuentos, esto porque son cuentos que no se pueden resumir, porque son perfectos, nada sobra y nada falta en ellos.
Todos los personajes de los que habla Borgés tienen obviamente en común la infamia, pero además los une la intención de redimirse, de convertir la infamia en virtud. Esto no es raro si vemos la historia universal del mundo, la redención de la infamia siempre se redime a través de palabras como, democracia, libertad, progreso y muchas más. Pero en su obra, Borges no permite que suceda esto y no hay redenciones que valgan.
En el cuento “EL Atroz Redentor Lazarus Morell”, Borges nos presenta a Lazrus Morell como un prócer de la libertad, pero como toda infamia, se esconde en la mentira y vuelve legal la ilegalidad. Pero los redentores siempre prometen el cielo y arrasan la tierra. Pero a diferencia de la creencia colectiva, en donde la muerte debe de ser un castigo poético por los crímenes cometidos. Morell muere por una congestión pulmonar.
En “El Impostor Inverosímil Tom Castro”. Al principio Borges nos da entender que al personaje se le conoce con varios nombres o más bien nos está alertando que el personaje lleva varias mascaras, porque los nombres son máscaras que nos han puesto o nos hemos puesto. Nos dice que el personaje tiene una sosegada idiotez, por lo cual no hace daño, ni le hacen daño, pero esto no es ninguna virtud, simplemente, al no pensar no se entera del mundo y es feliz. Y Borges consuma la infamia cuando la madre reconoce al hijo que no es. La madre se ha creído tanto su verdad, que no puede ver la realidad, además la felicidad es tan momentánea, porque detrás está el azar, que más vale inventarse la felicidad.
En “La Viuda Ching, pirata”. Al inicio del cuento Borges nos dice que ha habido más mujeres piratas antes, pero que todas terminaron en horca. Pero al final de esta introducción termina con esta inscripción “Si no te hubieras batido como un hombre no te hubieran matado como un perro”. La viuda Ching representa la violencia y la muerte, es un personaje terrible, que es así, simplemente por azar. Pero cuando está a punto de recibir su castigo se manifiesta la infamia, la viuda simplemente cambia de bando y termina sirviendo a sus víctimas y perseguidores. Y lo terrible se vuelve heroico.
La Búsqueda de Omar
Pasaron dos meses y las pistas que me había dejado Julián todavía no tenían sentido. “Recordar para conocer la verdad...” Esta frase me rondaba la cabeza en todo momento. Pero ya había platicado con todos los amigos de Julián y con varios amigos de Ana. Pero todos contestaron lo mismo. (Que de un día para otro, los dejaron de ver). Mi búsqueda cambió de rumbo un martes de mayo. Ese día me encontraba empacando las últimas cosas que todavía quedaban en el antiguo departamento de Julián.
Solo quedaba un sofá, una mesa circular, un librero vacío y dos cajas; una con libros y otra con fotografías.
Me tomé un momento para observar algunas fotos y leer los recados que solía escribir Julián en la parte posterior Una me llamó la atención, En la cual Ana y Julián aparecían recostados en un sillón mientras se abrazaban. Julián; mostraba una sonrisa tranquila y con el brazo izquierdo la abrazaba. Ana; apenas volteaba a la cámara y con los dos bazos se asía a él con mucha fuerza. La foto me causó un sentimiento de envidia, por ver a dos personas que se habían encontrado. Al reverso esperaba una frase de amor, pero Julián había escrito un poema sobre todo lo contrario:
En la parte final del poema estaba escrita esta frase:
“Ella sabía que en dos días terminaría todo por eso me dio dos días felices”
Al volver a ver la foto ya no los veo felices. Él a pesar estar sonriendo, sus ojos muestran que estaba quebrada su alma.. Ella fingiendo que lo amaba, lo abrazaba con fuerza, pero el amor como cualquier otro sentimiento no existe sino se siente. Eso es todo, se siente o no siente.
Y pues ahí estaba yo, sentado en sillón hipnotizado con la foto e impresionado por lo cruel que puede ser la vida, cuando empezó a sonar el teléfono. Contesté y no reconocí la voz del otro lado de la línea.
- ¿Está Julián?
- ¿Quién habla?
- Soy Sonia, ¿Julián?
- No, creo que no lo sabes... Julián murió hace tres mes.
- ¡Ah, no, no puede ser!
- Lo encontraron muerto en este apartamento, dicen que se ahorco en la regadera. Por cierto me llamo Omar fui un buen amigo suyo.
- Tenía que hablar con él.- Sonia sollozaba y tartamudeaba.- Tenía que decírselo, tenía que decirle.
- Decirle qué.
Sonia seguía llorando, le costaba hablar, quería decir algo pero se desgarraba cuando lo intentaba.
- Tranquilízate, tal vez te puedo ayudar.- Lo dije de una forma tan calmada que no reconocía mis palabras, ni mi voz.
- Quería contarle lo que ocurrió con Ana.
El tiempo empezó a correr más rápido. Pasé varias horas en el teléfono con Sonia, porque no quería reunirse conmigo, tenía miedo. Al final aceptó verme, más porque se sentía en deuda con Julián, que por cualquiera de mis palabras.
Nos citamos un lunes a las seis de la tarde, justo cuando termina la tarde y comienza la noche. La cita era en la plaza de San Francisco frente a la fuente.
Llegué a la plaza y el reloj marcaba diez minutos para las seis. Entonces decidí sentarme frente a la puerta principal del la iglesia de San Francisco y observar como, con la caída del sol, las paredes tomaban un tono amarillento parecido al de la arena.
La noche ya había cubierto todo y sólo rompían la oscuridad algunas tristes farolas que formaban sombras por toda la plaza. De una de éstas, caminando hacia mí, apareció Sonia. Cuando estuvo cerca pude ver su hermoso rostro, todavía tenia rasgos de niña, o tal vez seguía teniendo esperanza.
- ¡Hola!- La saludé fingiendo una alegría, que ya hace varios meses no tenía.
- Así que tú eres Omar. Ya había oído ti.
- ¿Ah si?
- Una amiga quiso conocerte pero nunca lo logró.
- Así pasa, a veces todo termina antes de empezar.- Le conteste con una ligera sonrisa. – Oye, te propongo que hablemos en un pequeño restaurante que está al otro lado de plaza.
- Prefiero Caminar... ¡Oye!, cómo conociste de ese restaurante.
- Lo he visto.- Respondí sorprendido.
- ¿Conoces a Paula?, ¿Viniste con ella?
- Creo que sí, no lo recuerdo Paula qué...
Sonia comenzó a caminar más rápido, yo podía sentir su miedo. Su rostro reflejaba la desesperación por alejarse de la plaza.
- Camina más rápido.- Dijo con un tono molesto.
- ¡Qué tienes!
- Ella te conoce, ella te conoce, ella te conoce.
- Paula o a quién te refieres.
- ¡Claro que a Paula!, ¡claro que es ella!, ¡siempre es ella!- Me contesto gritando.
Pronto estábamos a unas cinco cuadras de la plaza de San Francisco y no reconocía ninguna de las calles por las que pasábamos. Sonia se detuvo en un pequeño café aparentemente cerrado. Llamó a la puerta, esperaos unos segundos y abrió un pequeño niño de pantanosillos cortos, camiseta y sin zapatos. Al entrar me sorprendí porque el café era mucho más grande de lo que se podía apreciar en el exterior. Tenía una decena de cuartos, la mayoría sin luz. El niño nos llevó a través de un pasillo lleno de helechos, violetas, orquídeas y árboles de naranjas. Tanta vegetación hacía que la oscuridad tuviera un tono verde, como algún óleo en donde la inspiración estuviera escondida de tras de la noche.
El niño nos condujo al único cuarto alumbrado. La iluminación era tenue, las mesas tenían un mantel rojo y de centro de mesa un candelabro. Me pareció un lugar perfecto para besar a alguna chica. Una lástima, porque en verdad Sonia se veía linda aquella noche.
En el cuarto, además de nosotros, también se hallaba una pareja a tres mesas de nosotros. Nadie nos llevó la carta y menos ordenamos, pero el niño trajo para Sonia un café expreso cortado y a para mí un té de hojas de arándano.
-Dime por favor, que esta pasando.- le dije viéndola directamente a los ojos.
Sonia respiro hondo y comenzó a hablar. – Yo, Paula y Ana desde que puedo recordar fuimos amigas. Pero todo terminó cuando Ana se robo los muñecos.
- De qué hablas, cuáles muñecos.
- Las tres éramos aprendices de una bruja y siempre Ana mostró mayor poder y destreza, pero no estaba interesada en aprender. Aun así los tres brujos que conocimos la consideraban superior a nosotras. Paula no lo podía soportar.
- Espera un momento, de qué tres brujos hablas.
- Nuestra maestra. El otro es un hombre de aspecto escandinavo, que habla siempre sobre los sueños, donde dice vivir. El tercero es el niño que nos ha estado sirviendo.
- ¡En serio! El niño- contesté nerviosamente.
- Dicen que es el más poderoso, pero en realidad se dedica a observar nunca intervine, sólo observa.
Sonia, antes de continuar, terminó su café de un trago y empezó frotarse los dedos nerviosamente. En un segundo sus ojos se fijaron en los míos. (Todavía recuerdo su mirada y el escalofrío que me hizo sentir). Mis manos temblaron, pero no por miedo, sino por ansiedad de estar reflejado en sus ojos.
- El día en que todo terminó, para nosotras fue también el día de prueba final... Sabes, en la vida existe una sola persona que al atravesarse en tu camino lo cambia. Abre un abismo ante a tus pies, desmorona el futuro y el pasado. Normalmente esta persona pasa de largo. ¿Qué pasaría si pudieras saber el nombre de esta persona?
- No sé, creo podrías tener la oportunidad de cambiar el futuro.
- ¡No sólo eso! Es la posibilidad de intervenir en el futuro de otros, porque al cambiar tu destino, el cual nos prepara el azar o Dios. Cambias muchas vidas, afectas a personas que nunca conocerás. Creas tragedias, historias de amor ya sea bueno o malo. Pero todavía eso no es mucho, porque no sabes a quién estas afectando. Pero que tal si además de conocer a la persona indicada, pudieras conocer las lista de personas a las que les vas a cambiar la vida.- Entonces hizo un pausa y el silencio lo abarco todo.
- Por un instante te convertirías en Dios. Creo que ya te imaginas que los muñecos representaban a tales personas. Pero lo que no te he dicho es que para lograr controlar al azar se debe destruir a esta persona que lo cambiará todo.
- Pero por qué.
- No es cualquier persona. Alguien así tiene que ser muy importante en tu vida. Y no puedes manipular a alguien que amas sin arrepentirte después.
Instintivamente tomé su mano, en ese momento quitó su mirada de mis ojos y volví a la realidad y dije.
- Entonces Ana se arrepintió.
- No sólo eso. Rompió su muñeco -.Entonces antes de continuar, sacó un cigarro y el niño le acercó un encendedor.- Creo que ya te imaginas de quién era ese muñeco.
Me quedé sin habla, el tiempo se había detenido. Ahora me daba cuenta que hasta ese momento sólo había estado buscando en la entrada del laberinto.
Sonia alzó la cabeza y con un gesto de angustia dijo.
- Nuestra maestra se llenó de una furia indescriptible. Su alma se hundió en el odio.
- Pero por qué, todavía no sabían los efectos- le conteste.
- ¡Claro que los sabíamos! Conocíamos cada uno de los nombres y efectos de la cadena que empezaría a moverse por nuestra voluntad. Solamente nos faltaba un nombre. Para mi fue un alivio lo sucedido, el sufrimiento que habría causado no podría haberlo soportado. Intenté encontrar a Ana, pero no pude, así que decidí contarle todo a Julián, pero en su lugar te encontré ti – sonrió y tomó mi mano. Entonces cada parte de mi comenzó sospechar que la cosa se habían jodido.
- Y qué hay de Paula, por qué te escondes de ella.
- Para Paula todo era diferente. Está libre de sentimientos, sólo actuaba por el deseo y el placer-. Dijo Sonia y soltó más humo, que en aquel lugar me hizo sentir como en un sueño.
Cuando Sonia terminó su última frase, una ráfaga de viento apagó cada una de las velas en la habitación. Y como traído por el viento apareció el niño con una lámpara de aceite. Primero prendió la vela de la pareja que se encontraba aun lado de nosotros. Después prendió la nuestra y dijo.
- Creo que ya han terminado.- Y sacó de la bolsa de su pantalón dos galletas de la suerte.
- Ahora la suerte está en sus manos.- dijo con una voz híbrida, entre la de un niño y un anciano.
Intenté romper la galleta con las manos, no puede. Luego tomé un cuchillo pero tampoco pude romperla.
- Demasiado dura - comentó el niño-. Al parecer su futuro todavía no está listo o todavía esta historia no tiene final.
Sonia rompió su galleta, sacó el papel y en voz baja lo leyó. Cuando terminó comenzó a reír. Le pregunté por el futuro que le había destinado la galleta.
- De manera estúpida le pregunté.- ¿Ríes porque tu futuro es feliz?
- No puedo revelar lo que dice la galleta. Es de mala suerte. Aunque no tienes porqué impacientarte ya que lo conocerás pronto, sólo que no esta noche.
Volvía a mi casa a las 3:00 de la mañana, Sonia nunca me explicó porqué huimos de Paula o de su recuerdo. En realidad no sé si su intención era sembrar en mí el interés por hablar con ella. Pero yo le había mentido, porque sí recordaba a Paula, claro que la recordaba. Está marcada en mi memoria, me guste o no. Esto sólo confirma, una vez más, que no todo sucede como me gustaría.
Ese mismo día por la noche me dirigí a la casa de Paula, en buscar de otra pieza de esta historia.
17/01/2009 GMT -6
EL Sueño de Ana
-Cuando me reuní con Paula me platicó el sueño que tuvo Ana el día que durmió en el cuarto de los armarios.
Lorena caminaba por un camellón arbolado, su sonrisa era afable y tranquila. Llegó a una plaza, se sentó al lado de una fuente y se quedó ahí para que el viento la refrescara. Cuando en un instante distinguió a un joven que se hallaba sentado enfrente de una pastelería, leyendo un libro.
Rodeó la fuente y se acercó él. Entonces reconoció el libro que leía aquel joven. Ella misma lo había terminado de leer en aquella banca, frente a la pastelería, hace un mes. Sintió un vuelco en el estómago y sus ojos se aclararon. Entonces tartamudeando le preguntó:
-¿Qué vas a hacer después de terminar de leer?
-Invitarte una café- contestó el joven.
-¿Y cuándo será eso?
-Ahora mismo, porque ya terminé el de leer el libro, por cierto me llamo Marco.
De aquí en adelante tengo perdidos en mi memoria, varias partes de la pesadilla. Pero escribiré hasta donde pueda:
Marco y Lorena compartían la cena; quesos, ensalada, pan y vino. Ella comía despacio y en sus ojos se reflejaban el rostro de Marco mientras él hacía malas bromas y su mirada cansada se perdía entre las paredes. Entonces como si no pasara nada, la claridad de los ojos de Lorena se oscureció un poco y empezó a saborear el miedo que comienza en el estómago. Aún así se sentía tranquila y feliz, aunque no comprendía como un simple libro podía haberlos unido ese primer miércoles del mes.
No sé cuantos días pasaron, pero Lorena estaba sola en su casa recostada en un sillón, con la mirada perdía en el techo. Su aspecto había cambiado, ahora su cabello no permitía ver sus ojos y en el rostro se le reflejaba desencanto y la tristeza. Sentía como el miedo imperceptible en un principio, crecía en su pecho.
Después recuerdo; una calle sola y a Lorena alumbrada por una pobre farola. Su miedo se había hecho insoportable cuando un día vio sus ojos reflejados en un espejo. Frente a ella se encontraba Marco. Intentaba tomarla de la mano mientras lloraba. Sus lágrimas se escapaban de sus ojos y se perdían en el infinito de la noche. Ella lo único que sentía era miedo, entonces rompió el silencio con una voz quebrada y melancólica.
-¡No puedo! Entre más tiempo paso contigo, mi miedo se vuelve más grande.- Empezó a llorar por la desesperación. -¡Pensé que se iría cualquier día o que nuestro amor vencería, pero no ha sido así!
- ¡No me dejes! ¡Por favor, no me dejes!, porque no sé que hacer sin ti. - Suplicó Marco.
Lorena subió a su auto, (sus ojos se habían vuelto claros de nuevo). Mientras tanto, Marco se quedaba inmóvil cobijado por la noche. Y ahí, parado entre la noche, empezó a sentir con cada respiración al dolor que viene con el viento.
Lo siguiente no sé si es el sueño de Ana o lo inventó Paula.
La calle estaba sola, algunas personas caminaban presurosas por el temor a la lluvia. A su espalda los maniquíes la observaban sin interés. Se empezaba a sentir impaciente, cuando de pronto apareció Recber a lo lejos. Ella corrió hacia él, y cuando lo alcanzó, lo abrazó con mucha fuerza. Ya juntos, empezaron a caminar tomados de la mano, dieron vuelta en una esquina y los perdí de vista. Entonces empecé a seguirlos, pero como siempre pasa en los sueños, al dar la vuelta en la misma esquina, aparecí en un lugar diferente y desconocido. Era un vecindario descuidado lleno de edificios de apartamentos. Pasé frente a un edificio viejo y en mal estado, instintivamente entré al él y subí hasta el tercer piso y me detuve en el departamento número cinco. Metí la mano a la bolsa del pantalón y encontré una llave. Dudaba en entrar, por miedo, (pero pensé en que era sólo un sueño, que podía temer). El departamento se hallaba desordenado y podía respirar la tristeza en el ambiente. Entré en una de las habitaciones, no había nada extraño, pero ahí empecé a sentir, por primera vez, un dolor en alguna parte del estómago. Pasaron algunas horas y el dolor no desapareció, entonces comprendí que no era físico. La angustia y la desesperación se convirtieron en mi única solución y comencé a llorar.
El departamento se veía totalmente irreal, parecía estar pintado de recuerdos: sonrisas borrosas, caras sin rostro que me hacían sentir una presión en el pecho. También aparecían en cada esquina algunos días felices que pasé con ella: su cumpleaños, el día en la pared de roca, el amanecer que nos sorprendió en aquel páramo, su mirada feliz de los días sin nombre, la noche en que volví sólo para verla, sus ojos mientras tomábamos vino en aquel restaurante...No soporté más (como no lo soporto ahora que lo cuento) y me derrumbé en el suelo. Lloraba y gritaba intentando sacar el dolor, pero éste seguía allí acompañado de todos los recuerdos (son los recuerdos felices, los que terminan con la vida. Sería más sencillo perderlos en alguna esquina). Terminé por dormirme (pero no recuerdo mi sueño, tal vez porque este sucediendo ahora).
Desperté y el departamento se hallaba todavía más desordenado. Había botellas vacías de ron tiradas en la sala y empaques de alimentos y colillas de cigarro por todas partes. Mi camisa estaba manchada de vómito, mis labios estaban secos y cortados, también oía un zumbido que me provocaba jaqueca. Pero aún entre estos dolores físicos, podía distinguir uno en particular. Con cada respiración aparecía en el estómago y se movía lentamente hacia el pecho.
Vuelvo a perderme entre las nubes del sueño o del olvido y lo siguiente que recuerdo es encontrarme en una calle arbolada. Camino rumbo a una plaza y el viento helado se detiene al tocar mi nuca. (¡Me siento desolado! No puedo dejar de añorar lo que perdí). Camino sin sentido, eso creo, me detengo frente a una cafetería y espero, mis manos tiemblan y mis ojos se nublan. Y de pronto lo comprendo todo...
En el café, junto a la caja, veo a Lorena acompañada de Recber, se abrazaban y besaban. (Se veían felices).Mi corazón late con fuerza y siento un dolor a la mitad del estómago. Comienzo a caminar hacia ellos, a cada paso mi respiración se pierde y el dolor crece. (Parecía como si mi cuerpo actuara por sí solo, y yo, sólo fuera un simple espectador de la causalidad). Estoy muy ceca de ellos. Lorena me reconoce y puedo ver el espanto en sus ojos. (De este momento en adelante todo sucede despacio). De la parte interior de mi chamarra desenfundo una pistola, mis manos siguen temblando, pero aún así comienzo a disparar. Lorena cae al piso, pero sus ojos están fijos en los míos. La veo morir, no sé por cuanto tiempo. Reaccioné después de oír unos gritos (fue como si ver una película sin volumen y de pronto alguien le subiera al nivel máximo). Veo a un muchacho muerto en el piso, y a su lado, a una joven llorando y gritando (todavía puedo oír sus gritos cuando la luz sale de las sombras).
-¡Omar!-. Al final siempre despierto llorando y después...
13/01/2009 GMT -6
La Carretera
Primero debo decir que esta novela es una obra maestra, no tiene d
escripciones de más. No abusa de las palabras, ni de los diálogos. Pero al mismo tiempo envuelve al lector en un mundo frío y desolado que ha muerto a través del fuego, donde los humanos se han convertido en peregrinos que recorren las carreteras en busca de un poco del paraíso que han perdido o que les han arrebatado. El cómo y el por qué de esta situación es irrelevante para McCarthy. (Siempre he pensado que los cómos y los porqués son un estorbo. Es una manía de la sociedad moderna querer justificar cualquier situación).
La historia avanza a través de un padre con su hijo, que recorren la carretera con el fin de llegar al mar (Claro estos personajes son anónimos, porque están representando a la raza humana; el padre representa a civilización desaparecida y el hijo a la nueva que va surgir de las cenizas). Pero esta trama que puede parecer sencilla va en volviendo al lector en un mundo congelado y totalmente quemado, en donde bandas de caníbales, que han perdido su humanidad, cazan a los caminantes. Con forme los protagonistas van avanzando se van encontrando pedazos de esa sociedad que murió hace ya mucho tiempo. Pero a su vez el padre se va encontrando a sí mismo olvidando esas partes de civilización perdida. Hasta que llega el momento en que se olvida de sí mismo y vive a través del futuro que representa su hijo.
La historia nos muestra un mundo que se purificó a través del fuego eliminando su enfermedad que es la civilización moderna. Así los nuevos hombres, que nazcan sin progreso, democracia, política, comidas enlatadas deberán olvidar lo que fueron.
Esta novela me hizo pensar de qué le ha servido la idea sobre que las sociedades modernas siempre están yendo hacia delante, como sí el progreso material sea un sinónimo de estar mejor y de ser mejores. Más bien esto es el gran engaño de la modernidad.

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