Pasaron dos meses y las pistas que me había dejado Julián todavía no tenían sentido. “Recordar para conocer la verdad...” Esta frase me rondaba la cabeza en todo momento. Pero ya había platicado con todos los amigos de Julián y con varios amigos de Ana. Pero todos contestaron lo mismo. (Que de un día para otro, los dejaron de ver). Mi búsqueda cambió de rumbo un martes de mayo. Ese día me encontraba empacando las últimas cosas que todavía quedaban en el antiguo departamento de Julián.
Solo quedaba un sofá, una mesa circular, un librero vacío y dos cajas; una con libros y otra con fotografías.
Me tomé un momento para observar algunas fotos y leer los recados que solía escribir Julián en la parte posterior Una me llamó la atención, En la cual Ana y Julián aparecían recostados en un sillón mientras se abrazaban. Julián; mostraba una sonrisa tranquila y con el brazo izquierdo la abrazaba. Ana; apenas volteaba a la cámara y con los dos bazos se asía a él con mucha fuerza. La foto me causó un sentimiento de envidia, por ver a dos personas que se habían encontrado. Al reverso esperaba una frase de amor, pero Julián había escrito un poema sobre todo lo contrario:
En la parte final del poema estaba escrita esta frase:
“Ella sabía que en dos días terminaría todo por eso me dio dos días felices”
Al volver a ver la foto ya no los veo felices. Él a pesar estar sonriendo, sus ojos muestran que estaba quebrada su alma.. Ella fingiendo que lo amaba, lo abrazaba con fuerza, pero el amor como cualquier otro sentimiento no existe sino se siente. Eso es todo, se siente o no siente.
Y pues ahí estaba yo, sentado en sillón hipnotizado con la foto e impresionado por lo cruel que puede ser la vida, cuando empezó a sonar el teléfono. Contesté y no reconocí la voz del otro lado de la línea.
- ¿Está Julián?
- ¿Quién habla?
- Soy Sonia, ¿Julián?
- No, creo que no lo sabes... Julián murió hace tres mes.
- ¡Ah, no, no puede ser!
- Lo encontraron muerto en este apartamento, dicen que se ahorco en la regadera. Por cierto me llamo Omar fui un buen amigo suyo.
- Tenía que hablar con él.- Sonia sollozaba y tartamudeaba.- Tenía que decírselo, tenía que decirle.
- Decirle qué.
Sonia seguía llorando, le costaba hablar, quería decir algo pero se desgarraba cuando lo intentaba.
- Tranquilízate, tal vez te puedo ayudar.- Lo dije de una forma tan calmada que no reconocía mis palabras, ni mi voz.
- Quería contarle lo que ocurrió con Ana.
El tiempo empezó a correr más rápido. Pasé varias horas en el teléfono con Sonia, porque no quería reunirse conmigo, tenía miedo. Al final aceptó verme, más porque se sentía en deuda con Julián, que por cualquiera de mis palabras.
Nos citamos un lunes a las seis de la tarde, justo cuando termina la tarde y comienza la noche. La cita era en la plaza de San Francisco frente a la fuente.
Llegué a la plaza y el reloj marcaba diez minutos para las seis. Entonces decidí sentarme frente a la puerta principal del la iglesia de San Francisco y observar como, con la caída del sol, las paredes tomaban un tono amarillento parecido al de la arena.
La noche ya había cubierto todo y sólo rompían la oscuridad algunas tristes farolas que formaban sombras por toda la plaza. De una de éstas, caminando hacia mí, apareció Sonia. Cuando estuvo cerca pude ver su hermoso rostro, todavía tenia rasgos de niña, o tal vez seguía teniendo esperanza.
- ¡Hola!- La saludé fingiendo una alegría, que ya hace varios meses no tenía.
- Así que tú eres Omar. Ya había oído ti.
- ¿Ah si?
- Una amiga quiso conocerte pero nunca lo logró.
- Así pasa, a veces todo termina antes de empezar.- Le conteste con una ligera sonrisa. – Oye, te propongo que hablemos en un pequeño restaurante que está al otro lado de plaza.
- Prefiero Caminar... ¡Oye!, cómo conociste de ese restaurante.
- Lo he visto.- Respondí sorprendido.
- ¿Conoces a Paula?, ¿Viniste con ella?
- Creo que sí, no lo recuerdo Paula qué...
Sonia comenzó a caminar más rápido, yo podía sentir su miedo. Su rostro reflejaba la desesperación por alejarse de la plaza.
- Camina más rápido.- Dijo con un tono molesto.
- ¡Qué tienes!
- Ella te conoce, ella te conoce, ella te conoce.
- Paula o a quién te refieres.
- ¡Claro que a Paula!, ¡claro que es ella!, ¡siempre es ella!- Me contesto gritando.
Pronto estábamos a unas cinco cuadras de la plaza de San Francisco y no reconocía ninguna de las calles por las que pasábamos. Sonia se detuvo en un pequeño café aparentemente cerrado. Llamó a la puerta, esperaos unos segundos y abrió un pequeño niño de pantanosillos cortos, camiseta y sin zapatos. Al entrar me sorprendí porque el café era mucho más grande de lo que se podía apreciar en el exterior. Tenía una decena de cuartos, la mayoría sin luz. El niño nos llevó a través de un pasillo lleno de helechos, violetas, orquídeas y árboles de naranjas. Tanta vegetación hacía que la oscuridad tuviera un tono verde, como algún óleo en donde la inspiración estuviera escondida de tras de la noche.
El niño nos condujo al único cuarto alumbrado. La iluminación era tenue, las mesas tenían un mantel rojo y de centro de mesa un candelabro. Me pareció un lugar perfecto para besar a alguna chica. Una lástima, porque en verdad Sonia se veía linda aquella noche.
En el cuarto, además de nosotros, también se hallaba una pareja a tres mesas de nosotros. Nadie nos llevó la carta y menos ordenamos, pero el niño trajo para Sonia un café expreso cortado y a para mí un té de hojas de arándano.
-Dime por favor, que esta pasando.- le dije viéndola directamente a los ojos.
Sonia respiro hondo y comenzó a hablar. – Yo, Paula y Ana desde que puedo recordar fuimos amigas. Pero todo terminó cuando Ana se robo los muñecos.
- De qué hablas, cuáles muñecos.
- Las tres éramos aprendices de una bruja y siempre Ana mostró mayor poder y destreza, pero no estaba interesada en aprender. Aun así los tres brujos que conocimos la consideraban superior a nosotras. Paula no lo podía soportar.
- Espera un momento, de qué tres brujos hablas.
- Nuestra maestra. El otro es un hombre de aspecto escandinavo, que habla siempre sobre los sueños, donde dice vivir. El tercero es el niño que nos ha estado sirviendo.
- ¡En serio! El niño- contesté nerviosamente.
- Dicen que es el más poderoso, pero en realidad se dedica a observar nunca intervine, sólo observa.
Sonia, antes de continuar, terminó su café de un trago y empezó frotarse los dedos nerviosamente. En un segundo sus ojos se fijaron en los míos. (Todavía recuerdo su mirada y el escalofrío que me hizo sentir). Mis manos temblaron, pero no por miedo, sino por ansiedad de estar reflejado en sus ojos.
- El día en que todo terminó, para nosotras fue también el día de prueba final... Sabes, en la vida existe una sola persona que al atravesarse en tu camino lo cambia. Abre un abismo ante a tus pies, desmorona el futuro y el pasado. Normalmente esta persona pasa de largo. ¿Qué pasaría si pudieras saber el nombre de esta persona?
- No sé, creo podrías tener la oportunidad de cambiar el futuro.
- ¡No sólo eso! Es la posibilidad de intervenir en el futuro de otros, porque al cambiar tu destino, el cual nos prepara el azar o Dios. Cambias muchas vidas, afectas a personas que nunca conocerás. Creas tragedias, historias de amor ya sea bueno o malo. Pero todavía eso no es mucho, porque no sabes a quién estas afectando. Pero que tal si además de conocer a la persona indicada, pudieras conocer las lista de personas a las que les vas a cambiar la vida.- Entonces hizo un pausa y el silencio lo abarco todo.
- Por un instante te convertirías en Dios. Creo que ya te imaginas que los muñecos representaban a tales personas. Pero lo que no te he dicho es que para lograr controlar al azar se debe destruir a esta persona que lo cambiará todo.
- Pero por qué.
- No es cualquier persona. Alguien así tiene que ser muy importante en tu vida. Y no puedes manipular a alguien que amas sin arrepentirte después.
Instintivamente tomé su mano, en ese momento quitó su mirada de mis ojos y volví a la realidad y dije.
- Entonces Ana se arrepintió.
- No sólo eso. Rompió su muñeco -.Entonces antes de continuar, sacó un cigarro y el niño le acercó un encendedor.- Creo que ya te imaginas de quién era ese muñeco.
Me quedé sin habla, el tiempo se había detenido. Ahora me daba cuenta que hasta ese momento sólo había estado buscando en la entrada del laberinto.
Sonia alzó la cabeza y con un gesto de angustia dijo.
- Nuestra maestra se llenó de una furia indescriptible. Su alma se hundió en el odio.
- Pero por qué, todavía no sabían los efectos- le conteste.
- ¡Claro que los sabíamos! Conocíamos cada uno de los nombres y efectos de la cadena que empezaría a moverse por nuestra voluntad. Solamente nos faltaba un nombre. Para mi fue un alivio lo sucedido, el sufrimiento que habría causado no podría haberlo soportado. Intenté encontrar a Ana, pero no pude, así que decidí contarle todo a Julián, pero en su lugar te encontré ti – sonrió y tomó mi mano. Entonces cada parte de mi comenzó sospechar que la cosa se habían jodido.
- Y qué hay de Paula, por qué te escondes de ella.
- Para Paula todo era diferente. Está libre de sentimientos, sólo actuaba por el deseo y el placer-. Dijo Sonia y soltó más humo, que en aquel lugar me hizo sentir como en un sueño.
Cuando Sonia terminó su última frase, una ráfaga de viento apagó cada una de las velas en la habitación. Y como traído por el viento apareció el niño con una lámpara de aceite. Primero prendió la vela de la pareja que se encontraba aun lado de nosotros. Después prendió la nuestra y dijo.
- Creo que ya han terminado.- Y sacó de la bolsa de su pantalón dos galletas de la suerte.
- Ahora la suerte está en sus manos.- dijo con una voz híbrida, entre la de un niño y un anciano.
Intenté romper la galleta con las manos, no puede. Luego tomé un cuchillo pero tampoco pude romperla.
- Demasiado dura - comentó el niño-. Al parecer su futuro todavía no está listo o todavía esta historia no tiene final.
Sonia rompió su galleta, sacó el papel y en voz baja lo leyó. Cuando terminó comenzó a reír. Le pregunté por el futuro que le había destinado la galleta.
- De manera estúpida le pregunté.- ¿Ríes porque tu futuro es feliz?
- No puedo revelar lo que dice la galleta. Es de mala suerte. Aunque no tienes porqué impacientarte ya que lo conocerás pronto, sólo que no esta noche.
Volvía a mi casa a las 3:00 de la mañana, Sonia nunca me explicó porqué huimos de Paula o de su recuerdo. En realidad no sé si su intención era sembrar en mí el interés por hablar con ella. Pero yo le había mentido, porque sí recordaba a Paula, claro que la recordaba. Está marcada en mi memoria, me guste o no. Esto sólo confirma, una vez más, que no todo sucede como me gustaría.
Ese mismo día por la noche me dirigí a la casa de Paula, en buscar de otra pieza de esta historia.