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De Todo y Nada

Archivo: Abril 2009

25/04/2009 GMT -6

Remedio para la Felicidad

luisinmiedo @ 21:26

Una historia, para curar el deseo de ser feliz.

Remedio para la Felicidad pdf

Corazon

 

 

16/04/2009 GMT -6

"Historia Universal de la Infamia" por Jose Luis Borges 2ra Parte

luisinmiedo @ 21:45


El proveedor de iniquidades Monk Eastman. Monk Eastman no tiene un verdadero nombre, sus nombres son pandilleros todos y todos son Monk Eastman. Borges muesthistoria universal de la Infamiara la obsesión de los estadounidenses, que contagiaron al resto del mundo, por la fama como sea y por lo que sea. La fama como el fin máximo de la vida.

“Unos cien héroes afectados quien más quien menos de enfermedades vergonzosas…” De forma genial Borges hace añicos el mito del héroe y el concepto de heroicidad. A los héroes no hay que tocarlos muy seguido, porque  podemos quedarnos con pintura dorada en las manos. La infamia se consuma, porque la vileza se purifica y el ladrón de poca monta, se convierte en una leyenda heroica.

El asesino desinteresado Bill Harrigan. Está parte la he querido poner integra, porque es una buena muestra de párrafos perfectos. En pocas líneas Borges describe el lugar, el ambiente, la época, presenta a los personajes. En cambio otros escritores hacen los mismo pero en cientos de páginas llenas de adornos y ostentación literaria, que sólo conduce a engrosar los libros. Aunque también es justo mencionar que hay pocos escritores como Borges.

“La Historia (que, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas) propone ahora la de una arriesgada taberna, que está en el todopoderoso desierto igual que en alta mar. El tiempo, una destemplada noche del año 1873; el precisó lugar, el Llano Estacado (New México). La tierra es casi sobrenaturalmente lisa, pero el cielo de nubes a desnivel, con desgarrones de tormenta y de luna, está lleno de pozos que se agrietan y de montañas. En la tierra hay el cráneo de una vaca, ladridos y ojos de coyote en la sombra, finos caballos y la luz alargada de la taberna. Adentro, acodados en el único mostrador, hombres cansados y fornidos beben un alcohol pendenciero y hacen ostentación de grandes monedas de plata, con una serpiente y un águila. Un borracho canta impasiblemente. Hay quienes hablan un idioma con muchas eses, que ha de ser español, puesto que quienes lo hablan son despreciados.”

El Oeste causa en los americanos el mismo sentimiento de aventura que causa el mar en los ingleses. Este niño, que se crió entre negros y a su vez practica el orgullo de ser blanco y que se convertiría en Bill the Kid, que es un asesino terrible, es muerto a traición por su amigo Pat Garret, lo cual consuma la infamia de la traición, que se justifica y se convierte en justicia

06/04/2009 GMT -6

La Hora de Despertar

luisinmiedo @ 17:07
Llevaba una semana sin ver a Paula, pero no era intencional. De lunes a jueves estuve encerrado en mi taller terminando una acuarela. Trataba sobre un hombre observando la iglesia de San Francisco, aunque en la pintura sólo aparece su sombra.

El viernes cuando quise verla ella no tuvo tiempo, porque junto con sus amigas  estuvo preparando la fiesta de disfraces que se llevaría acabo al día siguiente. Así que el sábado por la mañana estaba frente al portón de su casa. (Aunque en realidad, no era una casa, sino una mansión construida sobre una colina). Dejé mi auto en la calle y entré caminando, quería sorprenderla, pero a la mitad del camino me arrepentí, porque la colina sobre la cual se encontraba la casa tenía demasiada pendiente. Todavía no sé como logré llegar a la cima, pero en la puerta principal ya me esperaba Paula. Me saludó de forma indiferente y me condujo a su habitación sin decir palabra.

Su cuarto tenía una pequeña estancia con un sillón alargado y una mesa llena de revistas de moda. Me senté en el sillón mientras me decía.

- ¡Espérame un momento!, no tardo, sólo me baño y me pongo algo- se metió al baño y desde allí gritó-. ¿Vas a venir a la fiesta?

- ¡Claro! Si llevo días pensando en mi disfraz.

- ¡Mentiroso!

Cerró la puerta y pasaron varios minutos. Empecé a desesperarme y me puse a dar vueltas por toda la habitación. Sobre la cama tenía un desastre: pantalones, blusas, faldas y un extraño vestido de color rojo. El corpiño y la falda estaban unidos formando una sola pieza ajustada a la cintura. Las mangas eran bastante amplias y el escote bajo. Salí del cuarto, regrese, eche un vistazo por la ventana y comencé a ver las fotos acomodadas sobre el tocador. (Por cierto no había ninguna foto mía. Algo nada agradable). Aunque lo que realmente me sorprendió fue una  foto colocada en la parte superior de la luna del espejo. Esa foto en sí misma contenía toda la atención del cuarto. En esta aparecían Ana y Julián abrazados, pero Ana tenía sobre sus ojos una línea negra hecha con marcador. La tomé para verla más de cerca, entonces el vértigo  provocado por el abismo que se abrió a mis pies me ocasionó mareo y dolor en el estómago.

Seguía con la foto en la mano cuando salió Paula del baño, con una toalla enrollada en el cuerpo. (Se veía preciosa). Camino algunos pasos hacia mi y dejó caer la toalla, su mirada estaba clavada en mis ojos. Cuando sólo el aliento nos separaba, me abrazó y comenzamos a besarnos. Su cuerpo extremadamente delgado parecía quebrarse entre mis manos. Un árbol, pintado en la pared, por el cual el otoño ya había pasado, nos dio refugio. Su pelo comenzó a confundirse entre las ramas castañas y su larga sonrisa se rompía para dejar paso a la los sueños de otros días, que siempre son más intensos cuando el final está próximo.

El sol empezó a descender y su sonrisa volvió a la normalidad. Una normalidad abstraída y cortante, que me llenó de incertidumbre y tristeza. Nos acostamos abrazados sobre la cama. Me sentía exhausto o desanimado, ya no lo recuerdo. Cerré los ojos y de inmediato el sueño apareció. Dormí alrededor de tres horas hasta que me despertó la voz de Paula.

- Es hora de despertar...  Mis amigas ya están llegando. Es hora de despertar.

Abrí los ojos y la vi frente al espejo, se peinaba y ya tenía puesto el vestido rojo. Me observaba de ves en cuando a través del reflejo. Dejó el cepillo sobre el tocador, se levantó y comenzó a hablar con un tono melancólico.

- Creo que es buen momento para que te vayas.

- ¡Sí! Tengo que disfrazarme- intenté contestar con ánimo, pero en mis palabras sólo existía cansancio.

- Oye, ¿sí quieres venir?, ¡sé que no te caen bien mis amigos!

- ¡Claro! A menos que tú no quieras.

Entonces un silencio se apoderó de todo el cuarto, Paula había enmudecido, y para mí, todo se redujo a esa foto donde aparecían Ana y Julián.

- ¡No quiero que vengas!

- Al menos dime por qué- contesté enfadado.

- ¡Porque no te quiero! Algunas lágrimas empezaron a caer de sus ojos, de inmediato las quitó con la mano y  su mirada se torno pesada y llena de furia.

- ¡Te odio, te odio! Te odio por presentarme a Julián y luego llevarlo hasta Ana. Los odio a los dos.

- ¿Julián? Pero... sólo lo has visto dos o tres veces.

- Qué importa eso, cuando no puedo dejar de soñar con él.- Esta vez su máscara se había roto y las lágrimas dibujaban en ella un rostro nuevo-. No quiero recordarlo, no quiero soñar con sus ojos, porque también veo los de ella.  Los sueño a los dos abrazados y besándose bajo una farola.

No tenía palabras, todas desaparecían al intentar pronunciarlas, mientras tanto Paula recobraba la tranquilidad en las suyas.

- Se que esta siendo duro, pero no podía seguir engañándote. Además tienes tus pinturas, tus sueños...

- ¿Mis sueños? Varios se están volviendo polvo en este momento- contesté interrumpiéndola.

- Ahora estas molesto, pero con el paso del tiempo y cuando tu enojo desaparezca, tal vez podamos ser amigos.

- Espera un momento- contesté con un tono duro y lleno de rencor-. Ya que hablas del futuro, para mí el futuro se ha vuelto simple; no regresar a esta casa y no volver a verte.

Paula se acercó y tomó mi mano y con una voz suave dijo:

- ¡Ojala algún día cambies tu decisión!

- No tengo más que decir, ni porqué estar aquí.- Entonces la bese en la mejilla y me dirigí hacia la salida.

Estaba tranquilo cuando salí. Las nubes se habían apoderado de la tarde igual que de mis pensamientos. Bajé la colina y encontré al jardín lleno de antorchas. Una gran carpa se alzaba en el centro. Y una docena de mesas con comida y bebida se hallaban en las orillas. Alo lejos algunas amigas de Paula me saludaron. Tímidamente les contesté con un ligero movimiento con la mano.

Pasó un mes entero y yo perdí completamente contacto con todos mis conocidos. Estaba encerrado en mi estudio pintando un cuadro al óleo de dos metros de largo por tres de ancho. Cuadro que hasta ahora no he terminado. El estado de irrealidad terminó cuando Julián tocó a mi puerta para pedirme ayuda. ¡Y vaya ayuda que le di! Pero ahora...

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