"Historia Universal de la Infamia" por Jose Luis Borges 2ra Parte
El proveedor de iniquidades Monk Eastman. Monk Eastman no tiene un verdadero nombre, sus nombres son pandilleros todos y todos son Monk Eastman. Borges muest
ra la obsesión de los estadounidenses, que contagiaron al resto del mundo, por la fama como sea y por lo que sea. La fama como el fin máximo de la vida.
“Unos cien héroes afectados quien más quien menos de enfermedades vergonzosas…” De forma genial Borges hace añicos el mito del héroe y el concepto de heroicidad. A los héroes no hay que tocarlos muy seguido, porque podemos quedarnos con pintura dorada en las manos. La infamia se consuma, porque la vileza se purifica y el ladrón de poca monta, se convierte en una leyenda heroica.
El asesino desinteresado Bill Harrigan. Está parte la he querido poner integra, porque es una buena muestra de párrafos perfectos. En pocas líneas Borges describe el lugar, el ambiente, la época, presenta a los personajes. En cambio otros escritores hacen los mismo pero en cientos de páginas llenas de adornos y ostentación literaria, que sólo conduce a engrosar los libros. Aunque también es justo mencionar que hay pocos escritores como Borges.
“La Historia (que, a semejanza de cierto director cinematográfico, procede por imágenes discontinuas) propone ahora la de una arriesgada taberna, que está en el todopoderoso desierto igual que en alta mar. El tiempo, una destemplada noche del año 1873; el precisó lugar, el Llano Estacado (New México). La tierra es casi sobrenaturalmente lisa, pero el cielo de nubes a desnivel, con desgarrones de tormenta y de luna, está lleno de pozos que se agrietan y de montañas. En la tierra hay el cráneo de una vaca, ladridos y ojos de coyote en la sombra, finos caballos y la luz alargada de la taberna. Adentro, acodados en el único mostrador, hombres cansados y fornidos beben un alcohol pendenciero y hacen ostentación de grandes monedas de plata, con una serpiente y un águila. Un borracho canta impasiblemente. Hay quienes hablan un idioma con muchas eses, que ha de ser español, puesto que quienes lo hablan son despreciados.”
El Oeste causa en los americanos el mismo sentimiento de aventura que causa el mar en los ingleses. Este niño, que se crió entre negros y a su vez practica el orgullo de ser blanco y que se convertiría en Bill the Kid, que es un asesino terrible, es muerto a traición por su amigo Pat Garret, lo cual consuma la infamia de la traición, que se justifica y se convierte en justicia

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raordinario y poco conocido escritor, al menos en estas tierras desafortunadamente olvidadas por dios y muy socorridas por la virgencita. Nació en Viena en 1897 y participó en las dos guerras mundiales como oficial, para después viajar por Latinoamérica gran parte de su vida. Esta pequeña biografía da luz sobre su obra que en todo momento muestra la soledad tan cruenta que se puede dar en la guerra o en algunos pueblos de América. En donde la vida y la muerte se mezclan y no se puede saber quién está vivo los vivos o los muertos. Así muchos comparan a “Pedro Páramo” de Juan Rulfo con el Barón Bagge y en cierto sentido Pedro Páramo es el Barón Bagge y viceversa, aunque esto sólo me hace pensar al leer uno y otro una y otra vez, que los dos cuentos son completamente diferentes.
Bueno, antes de escribir mi crítica sobre este libro de Pérez Reverte, debo de decir que la primera novela que leí, no por obligación, sino por gusto, fue el “Club Dumas” de este mismo autor. Esta novela primeriza me dejó impactado, tanto que llegué a pensar que Pérez Reverte era un genio. Pasaron varios años y afortunadamente para mi muchos más libros, para que volviera a leer otra novela de Pérez Reverte, llamada “La Tabla de Flandes”. Al leer esta novela me di cuenta que no era un obra maestra, ni que su escritor era un genio, pero si era una historia bastante entretenida. Y ahora varios años después vuelvo a buscar a Pérez Reverte, con ganas de leer algo entretenido y de lectura fácil.