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De Todo y Nada

Categoría: Una historia para...

17/05/2009 GMT -6

Muchas Opciones para un Solo Camino

luisinmiedo @ 13:51


Ahora estoy frente a la casa a la cual prometí nunca volver…

Sonó el timbre y de inmediato sentí una opresión contra el pecho. Estaba completamente desarreglada, así que sólo me agarré el cabello con una liga y me pinté los labios. Para cuando la sirvienta llegó a mi cuarto, yo ya sabía exactamente como iba actuar.

- Niña la busca el joven Omar en la puerta.

- Pásalo a la sala por favor, en un momento bajo.

Encontré a Omar de pie, observando uno de los cuadros de caballería que están a un lado de la chimenea. Seguramente sintió mi presencia porque sin voltear dijo.

- Siempre me fascino este cuadro. ¡Mira como la luz se origina en el punto central!

Siempre repetía lo mismo y  siempre me sentía feliz cuando lo hacía.

- Sí ya lo sé, el punto central de una pintura casi nunca es igual al centro geométrico.

- Creo que siempre te decía lo mismo.- contestó decepcionado.

- No lo tomes así, siempre me gustaron tus pláticas.

Tomé asiento  y él se sentó de frente a mí.

- ¿Sabes porqué estoy aquí?- Dijo con seriedad y con un gesto me mostró que la amabilidad había terminado.

- ¿Estas buscando a Ana, verdad?- le respondí con la misma firmeza.

- Hay algo de eso, pero en realidad vine porque ayer hablé con Sonia.

Ese nombre pronunciado por Omar me causó un escalofrío que recorrió mi espalda y cuello.

- ¿Y cómo está?- Traté de disimular mi miedo.

No hizo caso a mi pregunta y con dedición dijo.

- Sé de donde viene tu odio.

- ¡Omar!, no puedes confiar en Sonia.

Se metió las manos a las bolsas del pantalón y con un gesto de resignación respondió.

- No confío en ella, sólo que a nosotros la vida se encargó de ponernos en diferentes bandos.

Me levante y senté a su lado. Parecía nervioso, pero cuando vi sus ojos supe que tenía miedo.

- Entonces por qué viniste.- Dije sin perder sus ojos.

- Tú eres el único camino para llegar a Ana y créeme, la voy a encontrar.

Mientras observaba su mirada endurecida tuve la sensación de que actuaba por rencor. Las preguntas y respuestas evasivas por parte de los dos continuaron y los minutos se fueron acumulando, pero de pronto lo comprendí todo. Su impulso para vencer el miedo y confrontarme y la fuerza en su mirada sólo podían provenir de un sentimiento. Omar se había enamorado de Sonia y llegaría hasta el final, no por Ana o por Julián, sino por ella.

En pocos segundos tuve que decidir el destino de Omar, poco podía hacer por él, pero si lograba llevar a Sonia con Ana todo habría terminado. Así que lo  tomé de las manos y hablándole al oído le dije.

- Sonia asesinó a Julián.

- ¿Qué? Se apartó de inmediato de mí.

- ¡No te creo!... ¡No...!- estaba  apunto de llorar-. ¡No lo creo, cómo sabes que lo mataron, no te creo...!

- No me creas a mí. Averígualo por ti mismo.

- ¿Cómo? –gritó, para después levantarse y caminar de un lado a otro-. Cómo...

Desde mi ventana lo vi dirigirse tranquilamente hacia la salida. Sabía que sólo lo volvería a ver  si encontraba a Ana.

06/04/2009 GMT -6

La Hora de Despertar

luisinmiedo @ 17:07
Llevaba una semana sin ver a Paula, pero no era intencional. De lunes a jueves estuve encerrado en mi taller terminando una acuarela. Trataba sobre un hombre observando la iglesia de San Francisco, aunque en la pintura sólo aparece su sombra.

El viernes cuando quise verla ella no tuvo tiempo, porque junto con sus amigas  estuvo preparando la fiesta de disfraces que se llevaría acabo al día siguiente. Así que el sábado por la mañana estaba frente al portón de su casa. (Aunque en realidad, no era una casa, sino una mansión construida sobre una colina). Dejé mi auto en la calle y entré caminando, quería sorprenderla, pero a la mitad del camino me arrepentí, porque la colina sobre la cual se encontraba la casa tenía demasiada pendiente. Todavía no sé como logré llegar a la cima, pero en la puerta principal ya me esperaba Paula. Me saludó de forma indiferente y me condujo a su habitación sin decir palabra.

Su cuarto tenía una pequeña estancia con un sillón alargado y una mesa llena de revistas de moda. Me senté en el sillón mientras me decía.

- ¡Espérame un momento!, no tardo, sólo me baño y me pongo algo- se metió al baño y desde allí gritó-. ¿Vas a venir a la fiesta?

- ¡Claro! Si llevo días pensando en mi disfraz.

- ¡Mentiroso!

Cerró la puerta y pasaron varios minutos. Empecé a desesperarme y me puse a dar vueltas por toda la habitación. Sobre la cama tenía un desastre: pantalones, blusas, faldas y un extraño vestido de color rojo. El corpiño y la falda estaban unidos formando una sola pieza ajustada a la cintura. Las mangas eran bastante amplias y el escote bajo. Salí del cuarto, regrese, eche un vistazo por la ventana y comencé a ver las fotos acomodadas sobre el tocador. (Por cierto no había ninguna foto mía. Algo nada agradable). Aunque lo que realmente me sorprendió fue una  foto colocada en la parte superior de la luna del espejo. Esa foto en sí misma contenía toda la atención del cuarto. En esta aparecían Ana y Julián abrazados, pero Ana tenía sobre sus ojos una línea negra hecha con marcador. La tomé para verla más de cerca, entonces el vértigo  provocado por el abismo que se abrió a mis pies me ocasionó mareo y dolor en el estómago.

Seguía con la foto en la mano cuando salió Paula del baño, con una toalla enrollada en el cuerpo. (Se veía preciosa). Camino algunos pasos hacia mi y dejó caer la toalla, su mirada estaba clavada en mis ojos. Cuando sólo el aliento nos separaba, me abrazó y comenzamos a besarnos. Su cuerpo extremadamente delgado parecía quebrarse entre mis manos. Un árbol, pintado en la pared, por el cual el otoño ya había pasado, nos dio refugio. Su pelo comenzó a confundirse entre las ramas castañas y su larga sonrisa se rompía para dejar paso a la los sueños de otros días, que siempre son más intensos cuando el final está próximo.

El sol empezó a descender y su sonrisa volvió a la normalidad. Una normalidad abstraída y cortante, que me llenó de incertidumbre y tristeza. Nos acostamos abrazados sobre la cama. Me sentía exhausto o desanimado, ya no lo recuerdo. Cerré los ojos y de inmediato el sueño apareció. Dormí alrededor de tres horas hasta que me despertó la voz de Paula.

- Es hora de despertar...  Mis amigas ya están llegando. Es hora de despertar.

Abrí los ojos y la vi frente al espejo, se peinaba y ya tenía puesto el vestido rojo. Me observaba de ves en cuando a través del reflejo. Dejó el cepillo sobre el tocador, se levantó y comenzó a hablar con un tono melancólico.

- Creo que es buen momento para que te vayas.

- ¡Sí! Tengo que disfrazarme- intenté contestar con ánimo, pero en mis palabras sólo existía cansancio.

- Oye, ¿sí quieres venir?, ¡sé que no te caen bien mis amigos!

- ¡Claro! A menos que tú no quieras.

Entonces un silencio se apoderó de todo el cuarto, Paula había enmudecido, y para mí, todo se redujo a esa foto donde aparecían Ana y Julián.

- ¡No quiero que vengas!

- Al menos dime por qué- contesté enfadado.

- ¡Porque no te quiero! Algunas lágrimas empezaron a caer de sus ojos, de inmediato las quitó con la mano y  su mirada se torno pesada y llena de furia.

- ¡Te odio, te odio! Te odio por presentarme a Julián y luego llevarlo hasta Ana. Los odio a los dos.

- ¿Julián? Pero... sólo lo has visto dos o tres veces.

- Qué importa eso, cuando no puedo dejar de soñar con él.- Esta vez su máscara se había roto y las lágrimas dibujaban en ella un rostro nuevo-. No quiero recordarlo, no quiero soñar con sus ojos, porque también veo los de ella.  Los sueño a los dos abrazados y besándose bajo una farola.

No tenía palabras, todas desaparecían al intentar pronunciarlas, mientras tanto Paula recobraba la tranquilidad en las suyas.

- Se que esta siendo duro, pero no podía seguir engañándote. Además tienes tus pinturas, tus sueños...

- ¿Mis sueños? Varios se están volviendo polvo en este momento- contesté interrumpiéndola.

- Ahora estas molesto, pero con el paso del tiempo y cuando tu enojo desaparezca, tal vez podamos ser amigos.

- Espera un momento- contesté con un tono duro y lleno de rencor-. Ya que hablas del futuro, para mí el futuro se ha vuelto simple; no regresar a esta casa y no volver a verte.

Paula se acercó y tomó mi mano y con una voz suave dijo:

- ¡Ojala algún día cambies tu decisión!

- No tengo más que decir, ni porqué estar aquí.- Entonces la bese en la mejilla y me dirigí hacia la salida.

Estaba tranquilo cuando salí. Las nubes se habían apoderado de la tarde igual que de mis pensamientos. Bajé la colina y encontré al jardín lleno de antorchas. Una gran carpa se alzaba en el centro. Y una docena de mesas con comida y bebida se hallaban en las orillas. Alo lejos algunas amigas de Paula me saludaron. Tímidamente les contesté con un ligero movimiento con la mano.

Pasó un mes entero y yo perdí completamente contacto con todos mis conocidos. Estaba encerrado en mi estudio pintando un cuadro al óleo de dos metros de largo por tres de ancho. Cuadro que hasta ahora no he terminado. El estado de irrealidad terminó cuando Julián tocó a mi puerta para pedirme ayuda. ¡Y vaya ayuda que le di! Pero ahora...

27/02/2009 GMT -6

La Búsqueda de Omar

luisinmiedo @ 12:50

Pasaron dos meses y las pistas que me había dejado Julián todavía no tenían sentido. “Recordar para conocer la verdad...” Esta frase me rondaba la cabeza en todo momento. Pero ya había platicado con todos los amigos de Julián y con varios amigos de Ana. Pero todos contestaron lo mismo. (Que de un día para otro, los dejaron de ver).  Mi búsqueda cambió de rumbo un martes de mayo. Ese día me encontraba empacando las últimas cosas que todavía quedaban en el antiguo departamento de Julián.

Solo quedaba un sofá, una mesa circular, un librero vacío y dos cajas; una  con libros  y otra con fotografías.

Me tomé un momento para observar algunas fotos y leer los recados que solía escribir Julián en la parte posterior  Una me llamó la atención, En la cual Ana y Julián aparecían recostados en un sillón mientras se abrazaban. Julián; mostraba una sonrisa tranquila y con el brazo izquierdo la abrazaba. Ana; apenas volteaba a la cámara y con los dos bazos  se asía a él con mucha fuerza. La foto me causó un sentimiento de envidia, por ver a dos personas que se habían encontrado. Al reverso esperaba una frase de amor, pero Julián había escrito un poema sobre  todo lo contrario:

En la parte final del poema estaba escrita esta frase:

Ella sabía que en dos días terminaría todo por eso me dio dos días felices”     

Al volver a ver la foto ya no los veo felices. Él  a pesar estar sonriendo, sus ojos muestran que estaba quebrada su alma.. Ella fingiendo que lo amaba, lo abrazaba con fuerza, pero el amor como cualquier otro sentimiento no existe sino se siente. Eso es todo, se siente o no siente.

Y pues ahí estaba yo, sentado en sillón hipnotizado con la foto e impresionado por lo cruel que puede ser la vida, cuando empezó a  sonar el teléfono. Contesté y no reconocí la voz  del otro lado de la línea.

- ¿Está Julián?

- ¿Quién habla?

- Soy Sonia, ¿Julián?

- No, creo que no lo sabes... Julián murió hace tres mes.

- ¡Ah, no, no puede ser!

- Lo encontraron muerto en este apartamento, dicen que se ahorco en la regadera. Por cierto me llamo Omar fui un buen amigo suyo.

- Tenía que hablar con él.- Sonia sollozaba y tartamudeaba.- Tenía que decírselo, tenía que decirle.

- Decirle qué.

Sonia seguía llorando, le costaba hablar, quería decir algo pero se desgarraba cuando lo intentaba.

 - Tranquilízate, tal vez te puedo ayudar.- Lo dije de una forma  tan calmada que no reconocía mis palabras, ni mi voz.

- Quería contarle lo que ocurrió con Ana.

El tiempo empezó a correr más rápido. Pasé varias horas  en el teléfono con Sonia, porque no quería reunirse conmigo, tenía miedo. Al final aceptó verme, más porque se sentía en deuda con Julián, que por cualquiera de mis palabras.

Nos citamos un lunes a las seis de la tarde, justo cuando termina la tarde y comienza la noche. La cita era en la plaza de San Francisco frente a la fuente.

Llegué a la plaza y el reloj marcaba diez minutos para las seis. Entonces decidí sentarme frente a la puerta principal del la iglesia de San Francisco y observar  como, con la caída del sol, las paredes tomaban un tono amarillento parecido al de la arena.

La noche ya había cubierto todo y sólo rompían la oscuridad algunas tristes farolas que formaban sombras por toda la plaza. De una de éstas, caminando hacia mí, apareció Sonia. Cuando estuvo cerca pude ver su hermoso rostro, todavía tenia rasgos de niña, o tal vez seguía teniendo esperanza.

- ¡Hola!- La saludé  fingiendo una alegría, que ya hace varios meses no tenía.

- Así que tú eres Omar. Ya había oído ti.

- ¿Ah si?

- Una amiga quiso conocerte pero nunca lo logró.

- Así pasa, a veces todo termina antes de empezar.- Le conteste con una ligera sonrisa. – Oye, te propongo que hablemos en un pequeño restaurante que está al otro lado de plaza.

- Prefiero Caminar... ¡Oye!, cómo conociste de ese restaurante.

- Lo he visto.- Respondí sorprendido.

- ¿Conoces a Paula?, ¿Viniste con ella?

- Creo que sí, no lo recuerdo Paula qué...

Sonia comenzó a caminar más rápido, yo podía sentir su miedo. Su rostro reflejaba la desesperación por alejarse de la plaza.

- Camina más rápido.- Dijo con un tono molesto.

- ¡Qué tienes!

- Ella te conoce, ella te conoce, ella te conoce.

- Paula o a  quién te refieres.

- ¡Claro que a Paula!, ¡claro que es ella!, ¡siempre es ella!- Me contesto gritando.

Pronto estábamos a unas cinco cuadras de la plaza de San Francisco y no reconocía ninguna de las calles por las que pasábamos. Sonia se detuvo en un pequeño café aparentemente cerrado. Llamó a la puerta, esperaos unos segundos y abrió un pequeño niño de pantanosillos cortos, camiseta y sin zapatos. Al entrar me sorprendí porque el café era mucho más grande de lo que se podía apreciar en el exterior. Tenía una decena de cuartos, la mayoría sin luz. El niño nos llevó a través de un pasillo lleno de helechos, violetas, orquídeas y árboles de naranjas. Tanta vegetación hacía que la oscuridad tuviera un tono verde, como algún óleo en donde la inspiración estuviera escondida de tras de la noche.

El niño nos condujo al único cuarto alumbrado. La iluminación era tenue, las mesas tenían un mantel rojo y de centro de mesa un candelabro. Me pareció un lugar perfecto para besar a alguna chica. Una lástima, porque en verdad Sonia se veía linda aquella noche.

En el cuarto, además de nosotros, también se hallaba una pareja a tres mesas de nosotros. Nadie nos llevó la carta y menos ordenamos, pero el niño trajo para Sonia un café expreso cortado y a para mí un té de hojas de arándano.

-Dime por favor, que esta pasando.- le dije viéndola directamente a los ojos.

Sonia respiro hondo y comenzó a hablar. – Yo, Paula y Ana desde que puedo recordar fuimos amigas. Pero todo terminó cuando Ana se robo los muñecos.

- De qué hablas, cuáles muñecos.

- Las tres éramos aprendices de una bruja y siempre Ana mostró mayor poder y destreza, pero no estaba interesada en aprender. Aun así los tres brujos que conocimos la consideraban superior a nosotras. Paula no lo podía soportar.

- Espera un momento, de qué tres brujos hablas.

- Nuestra maestra. El otro es un hombre de aspecto escandinavo, que habla siempre sobre los sueños, donde dice vivir. El tercero es el niño que nos ha estado sirviendo.

- ¡En serio! El niño- contesté nerviosamente.

- Dicen que es el más poderoso, pero en realidad se dedica a  observar nunca intervine, sólo observa.

Sonia, antes de continuar, terminó su café de un trago y empezó frotarse los dedos nerviosamente. En un segundo sus ojos se fijaron en los míos. (Todavía recuerdo su mirada y el escalofrío que me hizo sentir). Mis manos temblaron, pero no por miedo, sino por ansiedad de estar reflejado en sus ojos.

- El día en que todo terminó, para nosotras fue también el día de prueba final... Sabes, en la vida existe una sola persona que al atravesarse en tu camino lo cambia. Abre un abismo ante a tus pies, desmorona el futuro y el pasado. Normalmente esta persona pasa de largo. ¿Qué pasaría si pudieras saber el nombre de esta persona?

- No sé, creo podrías tener la oportunidad de cambiar el futuro.

- ¡No sólo  eso! Es la posibilidad de intervenir en el futuro de otros, porque al cambiar tu destino, el cual nos prepara el azar o Dios. Cambias muchas vidas, afectas a personas que nunca conocerás. Creas tragedias, historias de amor ya sea bueno o malo. Pero todavía eso no es mucho, porque no sabes a quién estas afectando. Pero que tal si además de conocer a la persona indicada, pudieras conocer las lista de personas a las que les vas a cambiar la vida.- Entonces hizo un pausa y el silencio lo abarco todo.

- Por un instante te convertirías en Dios. Creo que ya te imaginas que los muñecos representaban a tales personas. Pero lo que no te he dicho es que para lograr controlar al azar se debe destruir a esta persona que lo cambiará todo.

- Pero por qué.

- No es cualquier persona. Alguien así tiene que ser muy importante en tu vida. Y no puedes manipular a alguien que amas sin arrepentirte después.

Instintivamente tomé su mano, en ese momento quitó su mirada de mis ojos  y volví a la realidad y dije.

- Entonces Ana se arrepintió.

- No sólo eso. Rompió su muñeco -.Entonces antes de continuar, sacó un cigarro y el niño le acercó un encendedor.- Creo que ya te imaginas de quién era ese muñeco.

Me quedé sin habla, el tiempo se había detenido. Ahora me daba cuenta que hasta ese momento sólo había estado buscando en la entrada del laberinto.

Sonia alzó la cabeza y con un gesto de angustia dijo.

- Nuestra maestra se llenó de una furia indescriptible. Su alma se hundió en el odio.

- Pero por qué, todavía no sabían los efectos- le conteste.

- ¡Claro que los sabíamos! Conocíamos cada uno de los nombres y  efectos de la cadena que empezaría a moverse por nuestra voluntad. Solamente nos faltaba un nombre. Para mi fue un alivio lo sucedido, el sufrimiento que habría causado no podría haberlo soportado. Intenté encontrar a Ana, pero no pude, así que decidí contarle todo a Julián, pero en su lugar te encontré ti – sonrió y tomó mi mano. Entonces cada parte de mi comenzó sospechar que la cosa se habían jodido.

- Y qué hay de Paula, por qué te escondes de ella.

- Para Paula todo era diferente. Está libre de sentimientos, sólo actuaba por el deseo y el placer-. Dijo Sonia y soltó más humo, que en aquel lugar me hizo sentir como en un sueño.

Cuando Sonia terminó su última frase, una ráfaga de viento apagó cada una de las velas en la habitación. Y como traído por el viento apareció el niño con una lámpara de aceite. Primero prendió la vela de la pareja que se encontraba aun lado de nosotros. Después  prendió la nuestra y dijo.

- Creo que ya han terminado.- Y sacó de la bolsa de su pantalón dos galletas de la suerte.

- Ahora la suerte está en sus manos.- dijo con una voz híbrida, entre la de un niño y un anciano.

 Intenté romper la galleta con las manos, no puede. Luego tomé un cuchillo pero tampoco pude romperla.

- Demasiado dura - comentó el niño-. Al parecer su futuro todavía no está listo o todavía esta historia no tiene final.

Sonia rompió su galleta, sacó el papel y en voz baja lo leyó. Cuando terminó  comenzó a reír. Le pregunté por el futuro que le había destinado la galleta.

- De manera estúpida le pregunté.- ¿Ríes porque tu futuro es feliz?

- No puedo revelar lo que dice la galleta. Es de mala suerte. Aunque no tienes porqué impacientarte ya que  lo conocerás pronto, sólo que no esta noche.

Volvía a mi casa a las 3:00 de la mañana, Sonia nunca me explicó porqué huimos de Paula o de su recuerdo. En realidad no sé si su intención era sembrar en mí el interés por hablar con ella. Pero yo le había mentido, porque sí recordaba a  Paula, claro que la recordaba. Está marcada en mi memoria, me guste o no. Esto sólo confirma, una vez más, que no todo sucede como me gustaría.

Ese mismo día por la noche me dirigí a la casa de Paula, en buscar de otra pieza de esta historia.

17/01/2009 GMT -6

EL Sueño de Ana

luisinmiedo @ 16:32

-Cuando me reuní con Paula me platicó el sueño que tuvo Ana el día que durmió en el cuarto de los armarios.

Lorena caminaba por un camellón arbolado, su sonrisa era afable y tranquila. Llegó a una plaza, se sentó al lado de una fuente y se quedó ahí para que el viento la refrescara. Cuando en un instante distinguió a un joven que se hallaba sentado enfrente de una pastelería, leyendo un libro.

Rodeó la fuente y se acercó él. Entonces reconoció el libro que leía aquel joven. Ella misma lo había terminado de leer en aquella banca, frente a la pastelería, hace un mes. Sintió un vuelco en el estómago y sus ojos se aclararon. Entonces tartamudeando le preguntó:

-¿Qué vas a hacer después de terminar de leer?

-Invitarte una café- contestó el joven.

-¿Y cuándo será eso?

-Ahora mismo, porque ya terminé el de leer el libro, por cierto me llamo Marco.

De aquí en adelante tengo perdidos en mi memoria, varias partes de la pesadilla. Pero escribiré hasta donde pueda:

Marco y Lorena compartían la cena; quesos, ensalada, pan y vino. Ella comía despacio y  en sus ojos se reflejaban el rostro de Marco mientras él hacía malas bromas y su mirada cansada se perdía entre las paredes. Entonces como si no pasara nada, la claridad de los ojos de Lorena se oscureció un poco y empezó a saborear el miedo que comienza en el estómago. Aún así se sentía tranquila y feliz, aunque no comprendía como un simple libro podía haberlos unido ese primer miércoles del mes.

No sé cuantos días pasaron, pero Lorena estaba sola en su casa recostada en un sillón, con la mirada perdía en el techo. Su aspecto había cambiado, ahora su cabello no permitía ver sus ojos y en el rostro se le reflejaba  desencanto y la tristeza. Sentía como el miedo imperceptible en un principio, crecía en su pecho.

Después recuerdo; una calle sola y a Lorena alumbrada por una pobre farola. Su miedo se había hecho insoportable cuando un día vio sus ojos reflejados en un espejo. Frente a ella se encontraba Marco. Intentaba tomarla de la mano mientras lloraba. Sus lágrimas se escapaban de sus ojos y se perdían en el infinito de la noche. Ella lo único que sentía era miedo, entonces rompió el silencio con una voz quebrada y melancólica.

-¡No puedo! Entre más tiempo paso contigo, mi miedo se vuelve más grande.- Empezó a llorar por la desesperación. -¡Pensé que se iría  cualquier día o que nuestro amor vencería, pero no ha sido así!

- ¡No me dejes! ¡Por favor, no me dejes!, porque no sé que hacer sin ti. - Suplicó Marco.

Lorena subió a su auto, (sus ojos  se habían vuelto claros de nuevo). Mientras tanto, Marco se quedaba inmóvil cobijado por la noche. Y ahí, parado entre la noche, empezó a sentir con cada respiración al dolor que viene con el viento.

Lo siguiente no sé si es el sueño de Ana o lo inventó Paula.

La calle estaba sola, algunas personas caminaban presurosas por el temor a la lluvia. A su espalda los maniquíes la observaban sin interés. Se empezaba a sentir impaciente, cuando de pronto apareció Recber a lo lejos. Ella corrió hacia él, y cuando lo alcanzó, lo abrazó con mucha fuerza. Ya juntos, empezaron a caminar tomados de la mano, dieron vuelta en una esquina y los perdí de vista. Entonces empecé a seguirlos, pero como siempre pasa en los sueños, al dar la vuelta en la misma esquina, aparecí  en un lugar  diferente y desconocido. Era un vecindario descuidado lleno de edificios de apartamentos. Pasé frente a un edificio viejo y en mal estado, instintivamente entré al él y subí hasta el tercer piso y me detuve en el departamento número cinco. Metí la mano a la bolsa del pantalón y encontré una llave. Dudaba en entrar, por miedo, (pero pensé en que era sólo un sueño, que podía temer). El departamento se hallaba desordenado y podía respirar la tristeza en el ambiente. Entré en una de las habitaciones, no había nada extraño, pero ahí  empecé a sentir, por primera vez, un dolor en alguna parte del estómago. Pasaron algunas horas y el dolor no desapareció, entonces comprendí que no era físico. La angustia y la desesperación se convirtieron en mi única solución y comencé a llorar.

El departamento se veía totalmente irreal, parecía estar pintado de recuerdos: sonrisas borrosas, caras sin rostro que me hacían sentir una presión en el pecho. También aparecían en cada esquina algunos días felices que pasé con ella: su cumpleaños, el día en la pared de roca, el amanecer que nos sorprendió en aquel páramo, su mirada feliz de los días sin nombre, la noche en que volví sólo para verla, sus ojos mientras tomábamos vino en aquel restaurante...No soporté más (como no lo soporto ahora que lo cuento) y me derrumbé en el suelo. Lloraba y gritaba intentando sacar el dolor, pero éste seguía allí acompañado de todos los recuerdos (son los recuerdos felices, los que terminan con la vida. Sería más sencillo perderlos en alguna esquina). Terminé por dormirme (pero no recuerdo mi sueño, tal vez porque este sucediendo ahora).

Desperté y el departamento se hallaba todavía más desordenado. Había botellas vacías de ron tiradas en la sala y empaques de alimentos y colillas de cigarro por todas partes. Mi camisa estaba manchada de vómito, mis labios estaban secos y cortados, también oía un zumbido que  me provocaba jaqueca. Pero aún entre estos dolores físicos, podía distinguir uno en particular. Con cada respiración aparecía en el estómago y se movía lentamente hacia el pecho.

Vuelvo a perderme entre las nubes del sueño o del olvido y lo siguiente que recuerdo es encontrarme en una calle arbolada. Camino rumbo a una plaza y el viento helado se detiene al tocar mi nuca. (¡Me siento desolado! No puedo dejar de añorar lo que perdí). Camino sin sentido, eso creo, me detengo frente a una cafetería y espero, mis manos tiemblan y mis ojos se nublan. Y de pronto lo comprendo todo...

En el café, junto a la caja, veo a Lorena acompañada de Recber, se abrazaban y besaban. (Se veían felices).Mi corazón late con fuerza y siento un dolor a la mitad del estómago. Comienzo a caminar hacia ellos, a cada paso mi respiración se pierde y el dolor crece. (Parecía como si mi cuerpo actuara por sí solo, y yo, sólo fuera un simple espectador de la causalidad). Estoy muy ceca de ellos. Lorena me reconoce y puedo ver el espanto en sus ojos. (De este momento en adelante todo sucede despacio). De la parte interior de mi chamarra desenfundo una pistola, mis manos siguen temblando, pero aún así comienzo a disparar. Lorena cae al piso, pero sus ojos están fijos en los míos. La veo morir, no sé por cuanto tiempo. Reaccioné después de oír unos gritos (fue como  si ver una película sin volumen y de pronto alguien le subiera al nivel máximo). Veo a un muchacho  muerto en el piso, y a su lado, a una joven llorando y gritando (todavía puedo oír sus gritos cuando la luz sale de las sombras).

-¡Omar!-. Al final siempre despierto llorando y después...

 

28/11/2008 GMT -6

Más halla de la Noche 2da Parte

luisinmiedo @ 14:18


Ana despertó súbitamente, a mitad de la noche, la habitación estaba en completa oscuridad y el silenció era abrumfoto12791.jpgador. A tientas tomó su reloj, que se encontraba en el buró. Accionó la luz fluorescente de este y las manecillas marcaban las tres de la mañana, intentó volver a dormir, pero no pudo, ya estaba despierta. De nuevo vio la hora, eran las tres y media, cerro los ojos y se tapó la cara con una almohada.

El silencio era cada vez más denso y  Ana se comenzaba a  sentir incómoda.  De pronto escuchó un ligero ruido, provocado por rasguños que venían de uno de los armarios. Su respiración se volvió agitada, porque pensaba que una rata podría estar en la habitación. No se levanto, sólo cerró los ojos y después de un momento el ruido cesó. Pasaron algunos minutos en calma hasta que en el pasillo las puertas empezaron a azotarse, intentó ignorar este terrible ruido volteándose hacia el otro lado, pero cuando giró tuvo la sensación de no estar sola. Podía percibir la presencia de alguien moviéndose por el cuarto. El miedo recorrió su espalda y un grito se ahogo en su garganta, cuando ese alguien subió a la cama. Ana volteó y no encontró a nadie. De nuevo cerró los ojos y la sensación apareció de nuevo. El miedo la paralizó, quería gritar pero el sonido no surgía de su garganta. Quiso voltear, pero cuando lo intentó, alguien la abrazaba con fuerza. Algunas lágrimas llenas de terror humedecieron su rostro, lágrimas que venían del futuro. Ana utilizó toda su fuerza para liberarse. Se levantó de un salto agitando los brazos y las piernas. Jadeó aire y acercó las piernas contra su pecho y la cabeza la recargó contra las rodillas. El silencio volvió a apoderarse de cada rincón de la habitación. De pronto se dio cuenta que su postura, el silencio, la oscuridad en la habitación eran repetición del sueño había tenido esa misma noche. Entonces las manos le comenzaron a temblar, las apretó contra su pecho, pero ya era demasiado tarde, el terror  movía su cuerpo. Estaba paralizada por el miedo, ni siquiera parpadeaba, cuando una mano pequeña y blanca tomó su muñeca. Ana volteo y miro con terror a un pequeño niño, con la mirada perdida y una sonrisa burlona. Sus ojos, turbios por el miedo, se abrieron cuando el niño con mucha fuerza apretó su muñeca. Comenzó a gritar, pero los gritos se perdían en ese silencio casi infinito.

Ana por un momento perdió el conocimiento. Cuando regresó en sí, los gritos perdidos en su garganta comenzaron a golpear las paredes como granizos chocando contra el asfalto. Salió del cuarto y bajó corriendo las escaleras, llego hasta el jardín y para cuando se detuvo estaba frente a ella la bóveda en donde Sonia y Paula habían dejado el maletín. Entró caminando despacio y asiéndose a las paredes, la oscuridad era total y Ana aún temblaba. Encontró el interruptor, pero el único foco que se encendió fue un tubo de luz blanca que iluminaba solamente el fondo del salón, justo en donde se encontraba la pintura “La vuelta de la pesca”.

Ana se sentía intimidada por la pintura, creía que los personajes de ésta la vigilaban, para impedir lo que intentaría hacer. Entonces se escondió en un rincón donde sólo había sombras y desde allí se acercó a la mesa desde el fondo. Hizo un rodeo para no entrarse con ninguna mirada que proviniera de la pintura. Con sigilo tomo la llave que colgaba de su cuello y lentamente la introdujo en la cerradura del maletín. Oyó como los seguros cedían ante el avance de la llave. La parte superior del portafolio se abrió un poco. Ana lo arrastró hasta una alo de luz y lo abrió.

Sus ojos estaban llenos de miedo y una lágrima empezaba a recorrer el penoso camino que era su rostro. Tomó el maletín y salió corriendo con él. En la entrada de la casa, frente a la impresionante puerta de madera se detuvo y comenzó a llorar. El sol salía y sus lágrimas se fueron transformando en ira. Abrió de nuevo el maletín, tomó uno de los muñecos y lo azotó con toda su fuerza contra el piso. El muñeco explotó en un centenar de pedazos. Después Ana caminó tranquilamente por la calle y desapareció del lugar.

A las 12:00 del día llegó la señora Juana, al entrar se encontró con Sonia en una esquina del corredor principal, en cuclillas y llorando.

 - Qué sucedió, porque lloras niña.- Dijo en tono molesto, no por lo que hubiera pasado sino por la forma de llorar de Sonia.

- El portafolio...- pero no podía dejar de llorar, la voz se cortaba cada vez que intentaba hablar.

- ¿Dónde está Paula?

 - En la bodega.

Cuando la Sra. Juana entró a la bodega y vio  la pintura, “La vuelta de la pesca”, quedó impactada por lo arruinada que estaba. El rostro de cada uno de los personajes que miran hacia el espectador estaba disuelto.

- El solvente lo habrían aplicado en los ojos de estos personajes, y de ahí, se  escurrió hasta el final del cuadro incluso el marco y la pared estaban manchados por estas lágrimas de ácido

- Parece que el final se acerca. Hemos hecho lo que hemos querido y jugado con muchas personas. Siempre llega el momento de pagar.- Dijo la sra Juana.

 

Ana llegó a su casa, dejó la maleta tranquilamente  sobre la cama. Caminó  hacia el baño por un angosto pasillo, donde un espejo de cuerpo completo la asechaba. Se detuvo al ver ese reflejo que apenas reconocía, las ojeras le cubrían los ojos y la mirada que vio en aquel reflejo la dejó helada. Una mirada que observaba desde otro tiempo, a la que no se puede ocultar lo que los otros no ven.

El vapor, provocado por el agua caliente, salía por la puerta del baño y  la imagen reflejada en el espejo, poco a poco desapareció. Entonces  se acercó y escribió en el espejo empañado, con el dedo índice:

“Ahora sé que la peor broma de la vida es vivir”

Ana entró en la ducha tomó el jabón y comenzó a lavarse la cara. Cuando cerró los ojos, una serie de imágenes aparecieron frente a ella.

La imagen de Julián frente a un bosque, de ella en la tienda del museo cuando lo conoció,  de Omar frente a la puerta tallada de ángeles en posición de descanso,  la pintura de la bodega y los pescadores mirándola acusadoramente, Julián tumbado en un sofá totalmente pálido. Abrió los ojos, y el agua que caía de la regadera se confundió con sus lágrimas. Cerró las llaves y salió a toda prisa del baño. Tomó el teléfono y marcó a Julián.

- Bueno

- ¿Julián?

- Sí

- ¡Te amo!

Ana jamás le había dicho tan grandiosa palabra a Julián, a veces quería decirla pero no podía, simplemente la boca y la lengua no se coordinaban para lograr el sonido exacto. Este hecho la hacía pensar que sencillamente no lo amaba. En un tiempo pensó que con el pasar de los días el amor crecería como una planta o alguna pintura en un lienzo en blanco. Pero ya eran dos años los que estaban juntos y esto no había ocurrido. Pero ese día mientras el tono sonaba y ella esperaba a que alguien le contestara del otro lado. Un estremecimiento recorrió cada molécula de su cuerpo, para al final crear una sensación maravillosa que explotó cuando estuvo segura de que la voz era de  Julián.

- ¡Te amo!  Volvió a repetir llorando.

21/10/2008 GMT -6

¡Hay que jugar!

luisinmiedo @ 21:59

Después de escuchar sus historias no entendía lo que  buscaba, pero ahora en la soledad lo comprendí. Para saber la verdad debía conocer el principio de la historia.

Julián sabía que Ana iba frecuentemente con una bruja de nombre Maruca para que le leyera las cartas. Parecía un buen lugar para buscar a Ana.

Era sábado por la tarde, la cita de Julián con Maruca era a las 5:30 pm y la mía era a continuación. Todo caía en la monotonía de cualquier sábado, el tráfico era ligero y las calles se hallaban desiertas. En días así difícilmente se puede cambiar algo, parece que son días que no existen, días que sobran en la vida de todos.

Llegamos temprano, pero Maruca nos hizo esperar 20 minutos de más. La espera fue en silencio y nerviosa, en una sala pequeña e iluminada de forma tenue y con paredes recubiertas con un tapiz rojo. Julián entró y después de media hora salió con un gesto de desilusión. Se paró frente a mí y comentó:

- ¡No me dijo nada!, es más, se equivocó en todo.

Después de algunos minutos de oír las quejas de Julián, entré. El lugar estaba alumbrado por una luz tenue. A la derecha se hallaba una mesa con seis sillas alrededor y en el centro un frutero, a la izquierda una sala de los años setenta, escapaba del progreso, y en el fondo una vitrina llena de figurillas. Entre estas figurillas alcancé a distinguir algunos santos; San Francisco de Asís, el sabio, el Santo Santiago, el peregrino y San Lázaro, el padre.

Me senté confiado e inmediatamente Maruca tomó mi mano izquierda, y sin quitar su mirada de mi rostro, la colocó en un plato con tinta, para después ponerla sobre una carta de la baraja española boca abajo. Dejó a la tinta secar y mientras tanto recorría las líneas de mi palma, iluminadas por la tinta, con su dedo índice. Volteó la carta. Se trataba de un dos de espadas, pero la  carta tenía algo extraño, porque las dos espadas las portaban ángeles en posición de descanso. Entonces Maruca inició su lectura.

- Vas a terminar lo que tu amigo está empezando, pero entre las pesadillas hay algunas que son eternas - Su mirada se había vuelto ausente y sus palabras se perdían entre mi miedo -.  ¡Tu amigo está maldito! y yo con él por saber el porqué.

- ¿Cómo?

- Tu amigo conoció más de lo que debía y quedó marcado, como Ana y como yo.

Balbuceando le pregunte. - ¿Que sabes de Ana?

- Lo que leí en la mirada de tu amigo.

- Pero por qué no se lo dijiste.

Por primera vez su mirada perdió fuerza y dejó de observarme. - Entonces también le tendría que haber dicho que pronto morirá.

Salí de aquella habitación absorto, Julián comenzó a hablarme, parecía ansioso por irse. Me hizo varias preguntas pero no pude contestar ninguna. Ya en el automóvil y rumbo a su casa, intenté convencerlo de terminar la búsqueda, creo que en ciertos momentos hasta supliqué:

- Creo que esta búsqueda no tiene futuro, deberías mejor intentar seguir  sin ella.

- ¿Y cuál es mi camino sin ella?

- No sé, ya lo descubrirás. Bueno, lo digo porque te está afectando demasiado no encontrarla y no hemos avanzado nada.

- Estimado Omar, sabes que no te voy a obligar a seguirme, creo que es el momento de continuar solo.

- ¡Hijo de puta!, me vas a terminar arrastrando, porque hoy también yo crucé la línea.

- ¿Qué te dijo la bruja?

- ¡Qué estas jodido!

04/09/2008 GMT -6

Más halla de la Noche 1ra Parte

luisinmiedo @ 11:25

Eran las seis de la mañana cuando sonó el teléfono y una voz sin nombre al otro lado, me comunicó que Julián había fallecido. Me levante de la cama y del escritorio saqué una carta con mi nombre escrito a máquina en el sobre. La carta me la había dado Julián una semana atrás, con la promesa de no abrirla, a menos que, él ya no pudiera seguir buscando a Ana.

         Estimado amigo si estás leyendo estas palabras habré fracasado aunque..., aunque todavía tengo fe, creo que por algo estoy escribo esta carta. He estado cerca de saber la verdad, pero no la encontré. Ahora, tú para conocerla tienes que recordarnos a los dos.

 No pudo resistir a la insistencia de sus amigas, para que conociera a Juana. Ana esperaba a que abrieran frente una puerta gótica, con dos ángeles tallados con sumo detalle en la madera. La puerta se abrió y de inmediato reconoció la risa de Sonia. Ana pasó a la estancia, en su rostro no se diferenciaba el miedo de la pena. La estancia era enorme y en las paredes colgaban cuadros costumbristas, todos con la misma temática, del paseo por el parque. Las dos avanzaron hasta la sala, en la cual colgaban tapices alusivos a la vendimia. En el fondo una gran chimenea, que todavía dejaba escapar el calor de los leños carbonizados de noches atrás, sobre la chimenea se alzaba un cuadro enorme. En el cual aparecía; un ángel de cuerpo completo en posición de descanso, tenía cierto parecido a los de la entrada, pero este tenía el dedo índice pegado a la boca, en señal de silencio o en señal de estar meditando el siguiente movimiento en la partida de ajedrez, que se encontraba en la mesa de centro.

Paula las esperaba en la sala, tomaba una copa de vino con suma delicadeza y enseñaba una ligera sonrisa, parecía estar guardando un secreto, que ansiaba rebelar. La blancura en su piel se acentuaba entre esas largas paredes  de piedra volcánica que la rodeaban. Sus ojos ocultaban cualquier sentimiento y su sonrisa completaba el disfraz. Sonia le pido a Ana que se sentara mientras que ella iba por Juana. Ana se sentó frente a Paula. Su desconfianza se marcaba en su rostro, mientras tanto Paula seguía sonriendo y tomando vino.

- ¿Estas nerviosa?- pregunto de pronto Paula. Pero Ana no respondió.

- La casa es hermosa, no crees- volvió a preguntar.

- No me gusta, es demasiado vieja, parece una iglesia, no una casa.

El silencio invadió cada uno de los rincones de la sala, hasta ser roto por pasos acompañados por la risa nerviosa de Sonia y por el crujir de los viejos pisos de madera. Paula sonreía y sus ojos, que siempre eran fríos se tornaron intensos, parecía arder algo en su interior. Mientras tanto Ana sin cambiar su expresión miraba fijamente hacia el lugar de donde provenían los pasos y las risas.

Los pasos se detuvieron, y las risas comenzaron a resonar por las paredes de la sala. Entonces, una señora con el pelo recogido y  vestida con un pantalón de casimir negro y un saco largo apreció, detrás de ella Sonia apenas podía contener su risa.

-¡Hola!, tu debes de ser Ana, te estaba esperando.-Su mirada recorría las facciones de Ana, como si intentara gravarlas en su memoria.

-Por qué.-Contestó Ana.

 

- Tus amigas siempre hablaban de ti.

 

- ¡Y qué dicen!

 

- Siempre comentan que eres ideal para aprender el arte de la brujería.- Al mismo tiempo que decía esto, miraba a Paula de forma profunda, parecía que podía ver más allá de lo que su sonrisa ocultaba. Entonces Paula se levantó y dijo.

- Preparamos un banquete para celebrar que por fin estas aquí.

Sonia salto hacia la sala y tomo de la mano a Ana, y la levanto a jalones del sillón, Ana se paró desganada y con un gesto de desagrado.

- ¡Vamos Ana, vamos! Me muero de ganas que veas lo que hicimos para ti.

Ana volvió a su casa por la madrugada, en su rostro se dibujaba la tristeza ocasionada por la melancolía de los días en calma. Subió las escaleras rumbo hacia su habitación, atravesando la oscuridad y dejando su bolsa en el camino. Se a costo sin cambiarse la ropa y empezó a llorar. Al amanecer todo había cambiado, se había levantado temprano y arreglado. La sonrisa no era sólo un gesto, sino venía desde un sentimiento. Parecía que la esperaba un gran día, y por eso bajó a la cocina a prepararse su desayuno favorito, huevos fritos con juego. Apenas llevaba dos naranjas exprimidas cuando el teléfono comenzó a sonar.

-¿Bueno?

-¡Hola!, ¿Ana? Soy Julián.

- Cómo estas- contesto Ana  con una voz dulce, pero sin ninguna pasión detrás.

Cuándo Ana terminó de hablar el cielo  estaba ennegrecido y un aire frío entraba por una de las ventanas, entonces  Ana sintió  un escalofrío que comenzó en la nuca y terminó en las manos. Pasaron algunos minutos, en los que Ana sólo se quedó parada sosteniendo el teléfono.

Pasó una hora y Sonia llegó para ir a un mercado en el norte de la ciudad. Ya en el mercado compraron varias flores en el primer puesto que vieron. Bajaron al sótano, por unas escaleras apenas visibles entre los puestos de comida y flores. En el sótano era sombrío y un humo, que provenía del incienso quemado en cada uno de los puestos, hacía que el aire fuera muy denso. Sonia respiraba de forma agitada, apenas tenía aliento, pero Ana sabía que no era por lo viciado del aire, sino por la emoción que le producía acercarse a su destino, sonreía ampliamente y se le notaba la felicidad que normalmente sólo tienen los niños, pero al pasar por un puesto cualquiera, una señora, con una cicatriz en la cara  la detuvo para saludarla.

- ¿Hola Sonia hace tiempo que no venías?- Sonia no le prestó atención fingiendo no conocerla.

- Ya te conseguí lo que me habías pedido, mira está en esta caja.- La señora sacó una caja color azul marino, con tallados de flores en la tapa. Entonces Sonia con disgusto se acercó a la señora, mientras Ana la observaba sorprendida desde lejos.

- Ya sabe donde recoger su dinero.- le dijo.

Sonia tomó de la mano a Ana y sin mostrarle el interior de la caja continuó el camino. Su rostro, que hace un instante era jovial, ahora se observaba tenso y su mirada se encontraba perdida. Pronto llegaron a una zona llena de canastas, leña y plantas. Los pasillos eran estrechos y Sonia caminaba adelante mientras Ana se sentía impresionada por aquel cambio en el espacio, de pronto todo se había vuelto más tranquilo y silencioso. De vez en cuando un grito lejano rompía ese silencio. Pero entre más se adentraban el silencio se volvía más y más denso, hasta que abarcó todos los rincones del lugar. También la luz se había perdido, ahora de los puestos colgaban focos, que parecían antorchas puestas para indicar el camino.

Sonia se detuvo en un puesto de leña, un pobre foco colgado de un cable  era la única iluminación en el lugar. Ana quería seguir recorriendo el mercado, pero Sonia estaba inmóvil frente a la leña. Cuando Ana estaba apunto de decirle a Sonia que siguieran, unos murmullos se adelantaron a sus palabras, entonces una niña de unos quince años salió por un costado de la  pila de leños. Se puso de pie y tomó de la mano a Sonia y vio su palma, después se agacho para quitar una manta que cubría un agujero en el centro de la pila. Sonia sin pensarlo se metió en él, Ana sorprendida no sabía que hacer, pero la niña con la mirada le indicaba que tomara el mismo rumbo de su amiga.

Ana se arrastró casi dos metros para salir del otro lado, y lo que encontró, la dejó completamente sorprendida. Los leños sólo eran la fachada para cubrir una pequeña sala en donde se hallaba sentado, en un sillón de piel negra,  un hombre de mediana edad, con el cabello rojo y los ojos azules. Sonia la presento y este hombre de buen parecido le hizo una reverencia con la cabeza y dijo.

- Creo que ya sabes quién soy.

- No, nunca lo había visto. -Contesto Ana viendo hacia Sonia en busca de ayuda.

- Claro que los sabes, pero me has olvidado, nos conocimos ya hace tiempo.

Ana no contesto, mientras tanto a Sonia la mirada y la sonrisa se le volvían cada vez  más duras con lo que oía, entonces dijo.

- Recber sabes que venimos por los muñecos, así que basta de pláticas.

- ¡Entonces te llamas Recber!- dijo Ana.

-No, ese no es mi nombre, pero así me dicen.- Contestó con una ligera sonrisa.

- ¿Y cuál es tu nombre?

- Eso tu ya lo sabes, pero como te dije me has olvidado. Y no me sorprende porque la  vida pasa al igual que los sueño. Cuando despertamos sólo recordamos un poco de lo soñando y olvidamos el resto. Pero a veces despertamos y recordamos sueños pasados o tal vez nuestro propio pasado, ¿quién sabe qué parte de  lo olvidado ha  sucedió en  realidad?

Recber hizo guardo silencio unos segundos y dijo.

- ¡Aquí están los muñecos! Al mismo tiempo que señalaba una caja completamente lisa.

Sonia la tomó y salió de ahí sin despedirse. Ana se mantuvo con la mirada puesta en este hombre salido de algún cuento para niños o de un sueño.

- Sé lo qué piensas. Te preguntas en dónde me conociste. Pero tal vez esa no es la pregunta correcta. Creo que debes preguntarte porqué no me recuerdas o por qué no recuerdas tus sueños.

Sonia y Ana llevaron la caja metálica a la casa de la señora Juana, pero esta no se encontraba, en su lugar las había recibido Paula, que sin decir ninguna palabra las condujo a la parte trasera de la casa, donde se ubicaba un galerón abovedado con arcos de medio punto. Ahí encontraron una sala ya pasada de moda y una mesa larga con sólo dos sillas en las cabeceras. En el fondo se hallaba un copia de la pintura “La vuelta a la pesca” de José Gutiérrez Solana.

Sonia puso el maletín sobre la mesa, entonces Paula se acerco con la intención de abrirlo, pero se detuvo porque Sonia se interpuso en su camino:

- ¿Qué te pasa?, Quiero verlos. – Dijo con enojo Paula.

- Nadie los va a ver antes que Juana.

- Por favor déjame verlos.

Seguían discutiendo, pero Ana no les prestaba atención, estaba más interesada en la pintura del fondo y de sus personajes que observan al espectador desde las sombras de un muelle. De pronto Sonia la tomó de la mano y la jaló hacia ella y dijo.

- ¡Mira!, la llave la va a guardar Ana, así ninguna de las dos tendrá porqué desconfiar -entonces al rostro de Sonia volvieron los gestos de niña, y con una sonrisa abrazó a Ana. - Aquí tienes las llaves del maletín, mañana temprano cuando llegué Juana, las tres veremos nuestro destino.

-  ¡Mañana!- contesto Ana-. Pero tengo un compromiso.

- No te preocupes nos vamos a quedar a dormir y mañana después de ver los muñecos yo te llevo a tu casa.- dijo Paula.

Ana tomó la llave y la guardó en su bolso, después caminaron  de vuelta a la casa principal.

- Y en dónde vamos a dormir- pregunto Ana.

- Separadas por supuesto, en esta casa no pueden dormir dos en el mismo cuarto.- contestó Sonia.

- Por eso la casa principal tiene dieciséis cuartos, para que siempre los invitados puedan dormir solos. Pero ven te mostraré toda la casa.- Sonia tomó de la mano a Ana y la llevó corriendo a la mansión.

Subieron al segundo piso, este tenía un estancia en donde se hallaba una televisión y una pequeña sala de estilo moderno, a la izquierda se encontraba una puerta y a su lado una pintura de un comandante del ejercito del imperio español, con un uniforme de la época de Carlos I.

Entraron a la habitación, la cual no tenía ninguna ventana y estaba rodeada  por  armarios, con excepción de la pared ubicada frente a la cama, en donde se hallaba colgado un espejo.

- Aquí vas a dormir, qué te parece.- Ana no contesto, pero en su rostro se notaba el desagrado por tener que dormir ahí.

En el fondo de la estancia había un pasillo pequeño y oscuro con tres puertas, una en el fondo y dos a los costados. Sonia sólo abrió la de la izquierda y comentó.

- En la del fondo dormiré yo, en la de la derecha está el baño.

La puerta de la izquierda llevaba a una terraza, de donde se podía ver el jardín trasero. Dos palmeras enormes y sombrías se alzaban a  la altura del tejado.

Ya casi era de noche y el viento movía las palmas con violencia,  al chocar entre sí emitían  sonidos parecidos a los sollozos del alguien desconsolado. Ana sentía un miedo que viene del estomago y se queda en la garganta sin poder salir. Sonia se veía tranquila ya había pasado tantas noches en esa casa que difícilmente el viento la ponía nerviosa.

Ana se bañaba, mientras sus dos amigas la esperaban en la sala.

- ¿Le diste la habitación de los armarios?

- Sí.- Contestó Sonia con una sonrisa como la de los niños cuando cometen alguna travesura.

- No crees que es demasiado para ella. Yo todavía tengo pesadillas por los gritos de aquella chica, que durmió en esa habitación el mes pasado, además todavía no se me olvida  su cara de terror, cuando la encontré en cuclillas en el tercer piso.

- Mira Paula,  tú eres la más beneficiada de esto, porque si ella huye, volverás a ser la favorita.

- ¡Qué dices! Sigo siendo la favorita.- Contestó Paula con un tono de arrogancia en su voz.

- Con el tiempo te has vuelto cada vez más ilusa.

Ana fue la primera en irse a dormir. No podía lograrlo, porque un pequeño hilo de luz entraba por debajo de la puerta y además el sonido de la televisión y algunas risas de Sonia se oían a lo lejos. El sueño la encontró de pronto y durmió profundamente la mitad de la noche. Su sueño fue extraño porque ella no participaba en éste.

28/02/2008 GMT -6

Un Día Más

luisinmiedo @ 23:01
- Lo recuerdas, la conociste aquel día en que compré el libro sobre iglesias románicas, en la tienda de museo de arte contemporáneo.
-¡Claro que lo recuerdo! La tarde era totalmente clara, el viento se arremolinaba contra la cantera del ex convento, casi lo podía ver danzar entre los corredores y los salones. Recuerdo al sol, las nubes, me recuerdo sentado en aquella fuente ubicada justo en medio del atrio principal. Allí me gustaba pasar las tardes, cuando sentía tranquilidad en mi vida. Porque para soñar en el futuro, igual que para ver el fondo de un río, se necesita un día en calma. (Por cierto ese fue mi último día en calma).
Ahí sentado entre acabados barrocos, soñaba en un camino que se bifurca en tres, uno lleva hasta el mar utilizando al viento como guía, el otro curvo y soleado, no termina en ningún sitio, y el último, cruza un bosque por la orilla de un abismo para terminar en un lugar sin nombre.
Fue un sueño incierto, como lo será el futuro o como lo fue el pasado. Subí las escaleras, no tenía rumbo, sólo quería caminar. En el primer piso, justo en el salón principal había una exposición de estilo neoexpresionista En realidad no sentí a la belleza en ninguna de esas pinturas, pero ese día entre a la exposición porque era gratis.
- ¡Espera un instante! Sólo entraste a mi exposición, porque fue gratis.
- No nos detengamos mi amigo. Es importante terminar.
Recorrí lo salones sin detenerme en alguna pintura. Mi carrera por no ver la exposición terminó en la tienda de recuerdos.
- Yo estaba platicando con ella cuando entraste. La había conocido unos días atrás, gracias a Carmen. Y como a ti, también la había invitado a la exposición.
- Al entrar a la tienda comencé a buscar libros sobre iglesias, pero en lugar de estos te encontré en una esquina siendo demasiado cordial con tu mecenas, pero al lado tuyo también se hallaba ella. Entonces por un impulso ocasionado por el azar, caminé hacia ustedes con la intención de saludarte, pero tropecé y terminé empujándola por la espalda. Volteó, y vi por primera vez sus ojos. Entonces ese instante se volvió fuego y quemó a los otros instantes. No recuerdo bien mis palabras, pero seguramente no fueron elocuentes.
- Más bien fueron muy torpes, todavía me da risa acordarme de ti balbuceando incoherencias.

Déjame Hablar de Ella

luisinmiedo @ 22:49

- Empecé mi noviazgo con Ana, una hermosa noche de finales de noviembre, pero te contaré lo que ocurrió antes de ese gran día.

Era una lluviosa tarde de principios de noviembre, el día anterior Ana había cumplido 26 años. (Por cierto no la conocí en su fiesta de cumpleaños). Pero ese día  volvía a su casa después de dejar a su mamá en el aeropuerto, salía por cuatro meses de la ciudad. Meses en que estaría sola, pero no era la primera vez, porque ya hace varios años que  su madre permanecía fuera del país de noviembre a febrero. Su ausencia la resentía más, los primeros dos días de su partida y los últimos tres antes de su llegada. Pero esta vez era diferente, ahora, necesitaba ese pedazo de soledad que le dejaba su madre, para que fuera llenado por Marco.

Dos noches después, el ambiente era calmado, ya Ana tenía todo listo, la cena, el vino, la música, sólo faltaba que llegara Marco, pero eso no ocurrió esa noche, ni ninguna otra. Entonces el miedo empezó a llenar todos los huecos de soledad que Marco había dejado vacíos. Así para Ana las noches se volvieron aterradoras. Pero entre el miedo y el frío de alguna de esas noches, la encontré. No recuerdo desde cuando tuve conciencia de estarla buscando, creo que fue hace muchos años. ¡Y sí, la encontré! No sabía su nombre, pero ya conocía esos ojos grandes y su risa, esa risa que me pinta una sonrisa en el rostro cada vez que la escucho.

La encontré entre su soledad y la noche, y así, juntos pasamos días felices. Podía saber cuando estaba contenta, porque juntaba sus manos contras sus piernas y me veía de reojo y guardaba silencio, ese silencio que ahora se abisma a mis pies.

-¿Creo que te estoy aburriendo, con tantos detalles cursis y lacrimógenos?, además empiezo a perderme. Tal vez lo hago intencionalmente, porque en estos laberintos de recuerdos el azar se vuelve mi única esperanza.

- ¿Qué si la he vuelto a ver? ¡No! Ni siquiera en sueños, hasta de ahí desapareció. Lo único que me queda de ella es ese dolor, que empieza en la boca del estómago y se expande por todos lados, dejando al cuerpo enfermo. O esas marcas que dejaron los abrazos y las caricias sobre mi piel.

Ella recuesta su cabeza en mi pecho y cierra los ojos, casi es real creo sentir su deseo, su tranquilidad y su miedo. Quita el pelo de su frente para besarme y abrazarme con fuerza.

-¿Y qué ha pasado con mi búsqueda?... Ya sé,  siempre  dije que vivía para buscarla. Pero la búsqueda terminó y sigo vivo, entonces no sé donde estoy, creo que yo también me perdí.

22/01/2008 GMT -6

La Princesa y la Fiesta

luisinmiedo @ 13:14

Conducía rumbo a la fiesta por una pequeña carretera, mientras el sol teñía de rojo el cielo. Ana, sonreía y me contaba el último episodio de un programa de televisión. Doble a la izquierda por la desviación, tal y como lo indicaba el mapa y avanzamos en un empedrado hasta cruzar una reja. Detuve el auto, la dirección indicaba que la fiesta estaba detrás de un gran portón de madera, pero una simple cartulina y un sinfín de autos estacionados nos confirmaban el lugar. La casa era vieja y no había vecinos al rededor. Sonia y Jorge nos esperaban adentro. Ana llevaba un antifaz, una chamarra y un pantalón de cuero ceñidos al cuerpo, yo no iba disfrazado. No me gustan los disfraces, ni las fiestas de disfraces, ¡pero por Ana ! Como mi vestimenta de persona no fue bien recibida en la entrada, Ana tuvo que maquillarme con su lápiz labial, intentando simular una especie desconocida de vampiro.

El exterior de la casa ocultaba su enorme tamaño y belleza. El Jardín se componía de dos colinas arboladas, en la de la derecha se encontraba la puerta de madera, por la cual entramos. En la cima de la izquierda se ubicaba la casa principal. La mayoría de la gente se hallaba en una carpa ubicada justamente en el valle formado por las dos colinas.
Ana tomó su teléfono móvil para llamar a Sonia, mientras lo hacía, yo me di cuenta que la luna se reflejaba a través de un vitral en la casona. El camino hacia la carpa fue trazado por decenas de antorchas, pero no eran necesarias debido a que la luna iluminaba el lado derecho. Seguramente querían mantener alejados a los invitados de la casa principal, porque en la parte izquierda la oscuridad era total.

Mientras bajábamos por el camino de antorchas, Ana sonreía y tomaba mi mano con fuerza. Así reaccionaba su cuerpo, cuando una ráfaga de felicidad la invadía. Llegamos a la carpa y tuve la sensación de que la colina izquierda era sagrada, esto me ensimismó hasta que Ana me volvió a la realidad con un beso.

Después de media hora de búsqueda y cuatro cervezas para mí y un tequila para Ana, encontramos a Sonia y a Jorge. Se hallaban bailando en una esquina. Al acercarnos nos saludaron muy afectuosamente y Sonia se dirigió a Ana y le dijo. -Hace tiempo que no te veía tan feliz.-Al mismo tiempo que Sonia decía esto, Ana me abrazaba y con los ojos cerrados acomodaba su cabeza sobre mi pecho, para después alzar la mirada y decirme en voz baja. -Creo que hay palabras que debo guardar, para que sigan siendo raras.

- Empezamos a bailar entre zombis, vampiros, doctores y colegialas que saltaban frenéticos frente a nosotros. Ana brincaba y se abrazaba a mí. Me miraba y sonreía, ¡como lo había dicho Sonia, se veía feliz! Nos la pasábamos genial en ese mundo de todo tipo de personajes, bailarines y bebedores de cerveza y consumidores de anfetaminas, hasta que se acercó Sonia llorando. Jorge estaba completamente ebrio, y como acostumbraba en ese estado la había insultado. Ana me dio un abrazó y se fue con Sonia. No pasaron muchos minutos y comencé a desesperarme, ¡quería estar con Ana!, pero ya era tarde, porque la había perdido de vista y no sabía dónde encontrarla.

La música y la gente se volvieron ajenas a mí. Me sentía solo al grado de percibir a la soledad como realmente es. ¡Terrible, dolorosa e interminable...! Empezó como un ligero dolor en la boca del estómago y se fue extendiendo por cada rincón de mi cuerpo hasta encarnarse en mi lengua. (Ahora cada célula de mi cuerpo sabe que el dolor está ahí y que la cosa está jodida).
Empecé a caminar de un lado a otro, la confundía con cualquier mujer de pelo negro y lacio, también la imaginaba entre las luces o parada en algún rincón. De pronto me encontré parado justo en frente de la colina izquierda e impulsado por una sensación desconocida comencé a subir por el sendero que llevaba a la casa, (¡sentía gran ansiedad por conocerla!). La subida era complicada debido a la densa oscuridad, mi única guía era el reflejo de la luna en el vitral.
Al terminar de subir la colina me encontré con la casa y me di cuenta de que de la parte posterior de la casa, asomaba una torre que a distancia y de noche no se podía apreciar. En esa torre existen dos ventanas, una en el sur y otra en el norte. Con la luna llena, la luz entra por la ventana derecha que tiene forma cóncava; y concentra la luz como si fuera una lupa, sobre la ventana de la izquierda, que a su vez la expande sobre el vitral debido a su forma convexa.
Me acerqué hasta la entrada y miraba las múltiples tonalidades de rojo de las vidrieras del vitral. Como si fuera un sueño una sombra abrió el portón principal de la casa y se acercó lentamente hacia mí. Desde la oscuridad escuché un cálido -¡Hola!-. Y de las sombras apareció una princesa con un vestido medieval color sangre, sus ojos se perdían con la noche y la blancura de su rostro pintaba los pasos que iba dejando atrás.

- Eres el primero que se interesa más por la noche, que por las luces de la fiesta.
Iba a contestar con una gran cantidad de halagos para ella y la casa, y una buena historia de como buscando el baño había llegado allí, pero cuando intenté hablar, mis palabras se ahogaron en un silenció.

- ¡No te preocupes!, puedes quedarte todo el tiempo que quieras. -Sonreía con calma y dulzura.
Le contesté -¡Gracias!, pero me esperan en la fiesta

-. Mientras decía esto, ella tomó mi mano y dijo. - Pero si te vas ahora seré yo quien te espere.
Entonces un impulso de pasión me hizo tomarla del brazo y comenzar a besarla y acariciar sus piernas, ella mordía mis labios. La luna avanzaba a través de vitral, mientras yo avanzaba entre su vestido. La oscuridad de sus ojos me develaba sus secretos. El césped se había vuelto del color de la noche y mis manos se mezclaban con su piel. Desperté de mi ensoñación con un zumbido que irrumpía la noche. Mi teléfono móvil no paraba de sonar.

Como cuando despiertas de un largo sueño reaccioné y a toda prisa bajé la colina en busca de Ana, dejando mi teléfono y todo lo demás atrás. Al llegar al valle, me encontré con una fiesta casi vacía, aún así no pude dar con ella. Con desesperación corrí hacia la salida, pero a mitad del camino la vi en un rincón del jardín al lado de Sonia. Deprisa me dirigí hacia donde se encontraban, al llegar, abrace a Ana con fuerza, pero ella apenas respondió y sin decir nada acomodó su cabeza en mi pecho.

De regreso me equivoqué de caminos y terminamos en una colonia llena de topes. Ana estaba ensimismada, no emitía ningún sonido. Pero todo cambió cuando pasamos por una calle cubierta de pinos. Ana comenzó a mirar los árboles y las casas, se notaba intranquila.
- ¡Por favor detente!- me suplicó.

- ¡Pero Ana, está muy oscuro, para qué!

- Detente en esa casa de la esquina, por favor- y señaló una casa de estilo barroco, con techos de doble agua y una torre circular.

- Es muy tarde, qué quieres.- le dije, pero no me escuchaba, su mente estaba en otro lado. Sin decir palabra extendió su mano hacia la manija para abrir la puerta. Se lo impedí apretando el botón que activa el seguro para todas las puertas. Al no poder salir su semblante cambió a enojo.
-¡Ábreme, ábreme o rompo la ventana! - gritaba mientras le daba golpes a la puerta.
Quité los seguros y salí tras ella, intentaba convencerla de volver al auto, pero para ella sólo existía la casa. Saltó una pequeña reja y empezó a tocar en la puerta principal; la cual era de madera con forma ojival, tenía símbolos astrológicos tallados sobre el contorno, y en el centro, dos ángeles en posición de descanso, empuñando una espada de doble filo.
- ¡Ana!, ¿quién vive aquí...? ¡No hay nadie, mira no hay una sola luz!
Ana dejo de tocar y se abrazó a la puerta, para lentamente ir descendiendo hasta quedar en cuclillas.

- ¡Vamos al auto!, qué tienes…

Ana comenzó a llorar. Me senté a su lado e intenté consolarla con algunas palabras, que se ahogaron en una profunda tristeza. Ya empezaba a amanecer y conforme amanecía su imagen se fue tiñendo de negro y el silencio se apoderó de todo el ambiente. Entonces las sombras dejaron de existir y el frío de la madrugada comenzó a calar en mis huesos. Ana me miró fijamente y dijo.

- Pronto tendremos que separarnos... Y cuando suceda no me busques.

- Por qué dices eso.- Pasaron algunos minutos sin que Ana pudiera hablar.

- Hoy, la noche te llevó hacia ella.

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