Más halla de la Noche 2da Parte
Ana despertó súbitamente, a mitad de la noche, la habitación estaba en completa oscuridad y el silenció era abrum
ador. A tientas tomó su reloj, que se encontraba en el buró. Accionó la luz fluorescente de este y las manecillas marcaban las tres de la mañana, intentó volver a dormir, pero no pudo, ya estaba despierta. De nuevo vio la hora, eran las tres y media, cerro los ojos y se tapó la cara con una almohada.
El silencio era cada vez más denso y Ana se comenzaba a sentir incómoda. De pronto escuchó un ligero ruido, provocado por rasguños que venían de uno de los armarios. Su respiración se volvió agitada, porque pensaba que una rata podría estar en la habitación. No se levanto, sólo cerró los ojos y después de un momento el ruido cesó. Pasaron algunos minutos en calma hasta que en el pasillo las puertas empezaron a azotarse, intentó ignorar este terrible ruido volteándose hacia el otro lado, pero cuando giró tuvo la sensación de no estar sola. Podía percibir la presencia de alguien moviéndose por el cuarto. El miedo recorrió su espalda y un grito se ahogo en su garganta, cuando ese alguien subió a la cama. Ana volteó y no encontró a nadie. De nuevo cerró los ojos y la sensación apareció de nuevo. El miedo la paralizó, quería gritar pero el sonido no surgía de su garganta. Quiso voltear, pero cuando lo intentó, alguien la abrazaba con fuerza. Algunas lágrimas llenas de terror humedecieron su rostro, lágrimas que venían del futuro. Ana utilizó toda su fuerza para liberarse. Se levantó de un salto agitando los brazos y las piernas. Jadeó aire y acercó las piernas contra su pecho y la cabeza la recargó contra las rodillas. El silencio volvió a apoderarse de cada rincón de la habitación. De pronto se dio cuenta que su postura, el silencio, la oscuridad en la habitación eran repetición del sueño había tenido esa misma noche. Entonces las manos le comenzaron a temblar, las apretó contra su pecho, pero ya era demasiado tarde, el terror movía su cuerpo. Estaba paralizada por el miedo, ni siquiera parpadeaba, cuando una mano pequeña y blanca tomó su muñeca. Ana volteo y miro con terror a un pequeño niño, con la mirada perdida y una sonrisa burlona. Sus ojos, turbios por el miedo, se abrieron cuando el niño con mucha fuerza apretó su muñeca. Comenzó a gritar, pero los gritos se perdían en ese silencio casi infinito.
Ana por un momento perdió el conocimiento. Cuando regresó en sí, los gritos perdidos en su garganta comenzaron a golpear las paredes como granizos chocando contra el asfalto. Salió del cuarto y bajó corriendo las escaleras, llego hasta el jardín y para cuando se detuvo estaba frente a ella la bóveda en donde Sonia y Paula habían dejado el maletín. Entró caminando despacio y asiéndose a las paredes, la oscuridad era total y Ana aún temblaba. Encontró el interruptor, pero el único foco que se encendió fue un tubo de luz blanca que iluminaba solamente el fondo del salón, justo en donde se encontraba la pintura “La vuelta de la pesca”.
Ana se sentía intimidada por la pintura, creía que los personajes de ésta la vigilaban, para impedir lo que intentaría hacer. Entonces se escondió en un rincón donde sólo había sombras y desde allí se acercó a la mesa desde el fondo. Hizo un rodeo para no entrarse con ninguna mirada que proviniera de la pintura. Con sigilo tomo la llave que colgaba de su cuello y lentamente la introdujo en la cerradura del maletín. Oyó como los seguros cedían ante el avance de la llave. La parte superior del portafolio se abrió un poco. Ana lo arrastró hasta una alo de luz y lo abrió.
Sus ojos estaban llenos de miedo y una lágrima empezaba a recorrer el penoso camino que era su rostro. Tomó el maletín y salió corriendo con él. En la entrada de la casa, frente a la impresionante puerta de madera se detuvo y comenzó a llorar. El sol salía y sus lágrimas se fueron transformando en ira. Abrió de nuevo el maletín, tomó uno de los muñecos y lo azotó con toda su fuerza contra el piso. El muñeco explotó en un centenar de pedazos. Después Ana caminó tranquilamente por la calle y desapareció del lugar.
A las 12:00 del día llegó la señora Juana, al entrar se encontró con Sonia en una esquina del corredor principal, en cuclillas y llorando.
- Qué sucedió, porque lloras niña.- Dijo en tono molesto, no por lo que hubiera pasado sino por la forma de llorar de Sonia.
- El portafolio...- pero no podía dejar de llorar, la voz se cortaba cada vez que intentaba hablar.
- ¿Dónde está Paula?
- En la bodega.
Cuando la Sra. Juana entró a la bodega y vio la pintura, “La vuelta de la pesca”, quedó impactada por lo arruinada que estaba. El rostro de cada uno de los personajes que miran hacia el espectador estaba disuelto.
- El solvente lo habrían aplicado en los ojos de estos personajes, y de ahí, se escurrió hasta el final del cuadro incluso el marco y la pared estaban manchados por estas lágrimas de ácido
- Parece que el final se acerca. Hemos hecho lo que hemos querido y jugado con muchas personas. Siempre llega el momento de pagar.- Dijo la sra Juana.
Ana llegó a su casa, dejó la maleta tranquilamente sobre la cama. Caminó hacia el baño por un angosto pasillo, donde un espejo de cuerpo completo la asechaba. Se detuvo al ver ese reflejo que apenas reconocía, las ojeras le cubrían los ojos y la mirada que vio en aquel reflejo la dejó helada. Una mirada que observaba desde otro tiempo, a la que no se puede ocultar lo que los otros no ven.
El vapor, provocado por el agua caliente, salía por la puerta del baño y la imagen reflejada en el espejo, poco a poco desapareció. Entonces se acercó y escribió en el espejo empañado, con el dedo índice:
“Ahora sé que la peor broma de la vida es vivir”
Ana entró en la ducha tomó el jabón y comenzó a lavarse la cara. Cuando cerró los ojos, una serie de imágenes aparecieron frente a ella.
La imagen de Julián frente a un bosque, de ella en la tienda del museo cuando lo conoció, de Omar frente a la puerta tallada de ángeles en posición de descanso, la pintura de la bodega y los pescadores mirándola acusadoramente, Julián tumbado en un sofá totalmente pálido. Abrió los ojos, y el agua que caía de la regadera se confundió con sus lágrimas. Cerró las llaves y salió a toda prisa del baño. Tomó el teléfono y marcó a Julián.
- Bueno
- ¿Julián?
- Sí
- ¡Te amo!
Ana jamás le había dicho tan grandiosa palabra a Julián, a veces quería decirla pero no podía, simplemente la boca y la lengua no se coordinaban para lograr el sonido exacto. Este hecho la hacía pensar que sencillamente no lo amaba. En un tiempo pensó que con el pasar de los días el amor crecería como una planta o alguna pintura en un lienzo en blanco. Pero ya eran dos años los que estaban juntos y esto no había ocurrido. Pero ese día mientras el tono sonaba y ella esperaba a que alguien le contestara del otro lado. Un estremecimiento recorrió cada molécula de su cuerpo, para al final crear una sensación maravillosa que explotó cuando estuvo segura de que la voz era de Julián.
- ¡Te amo! Volvió a repetir llorando.

Meneame
del.icio.us
raordinario y poco conocido escritor, al menos en estas tierras desafortunadamente olvidadas por dios y muy socorridas por la virgencita. Nació en Viena en 1897 y participó en las dos guerras mundiales como oficial, para después viajar por Latinoamérica gran parte de su vida. Esta pequeña biografía da luz sobre su obra que en todo momento muestra la soledad tan cruenta que se puede dar en la guerra o en algunos pueblos de América. En donde la vida y la muerte se mezclan y no se puede saber quién está vivo los vivos o los muertos. Así muchos comparan a “Pedro Páramo” de Juan Rulfo con el Barón Bagge y en cierto sentido Pedro Páramo es el Barón Bagge y viceversa, aunque esto sólo me hace pensar al leer uno y otro una y otra vez, que los dos cuentos son completamente diferentes.
surrealista. Bueno, no pretendo hacer una crítica de la pintura, ni hacer algún juicio sobre ésta. Sólo pretendo escribir a través de ella.
es difícil encontrar la respuesta defienden a su mesías, a su salvador, al justo, pero sobre todo al bueno de esta historia retorcida de nombre López Obrador.
Bueno, antes de escribir mi crítica sobre este libro de Pérez Reverte, debo de decir que la primera novela que leí, no por obligación, sino por gusto, fue el “Club Dumas” de este mismo autor. Esta novela primeriza me dejó impactado, tanto que llegué a pensar que Pérez Reverte era un genio. Pasaron varios años y afortunadamente para mi muchos más libros, para que volviera a leer otra novela de Pérez Reverte, llamada “La Tabla de Flandes”. Al leer esta novela me di cuenta que no era un obra maestra, ni que su escritor era un genio, pero si era una historia bastante entretenida. Y ahora varios años después vuelvo a buscar a Pérez Reverte, con ganas de leer algo entretenido y de lectura fácil.