Un Día Más
- Lo recuerdas, la conociste aquel día en que compré el libro sobre iglesias románicas, en la tienda de museo de arte contemporáneo.
-¡Claro que lo recuerdo! La tarde era totalmente clara, el viento se arremolinaba contra la cantera del ex convento, casi lo podía ver danzar entre los corredores y los salones. Recuerdo al sol, las nubes, me recuerdo sentado en aquella fuente ubicada justo en medio del atrio principal. Allí me gustaba pasar las tardes, cuando sentía tranquilidad en mi vida. Porque para soñar en el futuro, igual que para ver el fondo de un río, se necesita un día en calma. (Por cierto ese fue mi último día en calma).
Ahí sentado entre acabados barrocos, soñaba en un camino que se bifurca en tres, uno lleva hasta el mar utilizando al viento como guía, el otro curvo y soleado, no termina en ningún sitio, y el último, cruza un bosque por la orilla de un abismo para terminar en un lugar sin nombre.
Fue un sueño incierto, como lo será el futuro o como lo fue el pasado. Subí las escaleras, no tenía rumbo, sólo quería caminar. En el primer piso, justo en el salón principal había una exposición de estilo neoexpresionista En realidad no sentí a la belleza en ninguna de esas pinturas, pero ese día entre a la exposición porque era gratis.
Fue un sueño incierto, como lo será el futuro o como lo fue el pasado. Subí las escaleras, no tenía rumbo, sólo quería caminar. En el primer piso, justo en el salón principal había una exposición de estilo neoexpresionista En realidad no sentí a la belleza en ninguna de esas pinturas, pero ese día entre a la exposición porque era gratis.
- ¡Espera un instante! Sólo entraste a mi exposición, porque fue gratis.
- No nos detengamos mi amigo. Es importante terminar.
Recorrí lo salones sin detenerme en alguna pintura. Mi carrera por no ver la exposición terminó en la tienda de recuerdos.
- Yo estaba platicando con ella cuando entraste. La había conocido unos días atrás, gracias a Carmen. Y como a ti, también la había invitado a la exposición.
- Al entrar a la tienda comencé a buscar libros sobre iglesias, pero en lugar de estos te encontré en una esquina siendo demasiado cordial con tu mecenas, pero al lado tuyo también se hallaba ella. Entonces por un impulso ocasionado por el azar, caminé hacia ustedes con la intención de saludarte, pero tropecé y terminé empujándola por la espalda. Volteó, y vi por primera vez sus ojos. Entonces ese instante se volvió fuego y quemó a los otros instantes. No recuerdo bien mis palabras, pero seguramente no fueron elocuentes.
- Más bien fueron muy torpes, todavía me da risa acordarme de ti balbuceando incoherencias.

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